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My Bible First Lessons

Jesus, Amigo de los Pecadores
LECCIÓN 18
Basado en Mateo 15:21–28; Lucas 7:11–17; 10:25–37; 19:1–10; Juan 4
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Si un día tú hubieses viajado por cierto camino a través de Samaria, hubieses visto a Jesús sentado al lado de un pozo llamado el pozo de Jacob. Se llamaba el pozo de Jacob porque muchos años antes Jacob lo había cavado. Quedaba cerca de la puerta de la ciudad que le pertenecía a los Samaritanos.

Jesús estaba cansado, con hambre y muy sediento. Mientras que los discípulos fueron a la ciudad para comprar alimento, Jesús pensó en el agua del pozo, pero no tenía vasija ni soga para sacar el agua. Juan 4:3–6.
Mientras que Él esperaba, una mujer Samaritana vino del pueblo a sacar agua del pozo. Cuando Jesús, muy cortesmente, le pidió agua, ella se sorprendió. ¿Por qué? Porque los samaritanos y los judíos no se querían y ella podía ver que Jesús era judío. Aunque los judíos y los samaritanos hacían negocios entre ellos cuando lo necesitaban, nunca se pedían favores entre ellos. Versículos 7–9.

Mientra que Jesús y la samaritana continuaban hablando, Él le explicó acerca del "agua viva" que le podía dar. Aun le habló acerca de su pasado, lo cual le hizo pensar que Él era un profeta. Luego hablaron acerca de dónde y cómo adorar a Dios. Finalmente, la mujer le dijo que ella sabía que el Mesías vendría y les revelaría todo. ¿Te imaginas qué sorprendida debe haber estado cuando Jesús le dijo que Él era el Mesías? Versículos 25, 26.

Inmediatamente, la mujer sintió en su corazón que Jesús era el Mesías; y lo único que se le ocurría era darse prisa de regreso a la ciudad y darle la noticia a todos. Se olvidó de darle a Jesús el agua que quería, y también olvidó la vasija en el pozo. ¿Qué hicieron las personas de la ciudad? Versículos 28–30.

Al mismo tiempo que la mujer se daba prisa de regreso a la ciudad, los discípulos llegaban de traer los alimentos que habían comprado. Estaban confundidos al ver a Jesús, un judío, hablando con una mujer samaritana. Después de que ella se fue, ¿qué les dijo Jesús cuando ellos insistieron en que tenía que comer? Versículos 27, 31–34.

Ese día los discípulos se dieron cuenta de que Jesús verdaderamente ama a todos. Y cuando alguien escoge amarle y obedecerle, esa persona, al igual que la mujer samaritana, se convierte en un misionero de Jesús. Versículos 39–42.







La mujer que habló con Jesús al lado del pozo de Jacob creyó en Dios, aunque no era judía. Nuestra historia de hoy es acerca de una mujer pagana que adoraba ídolos, pero que había oído de Jesús. ¡Oh, cuánto deseaba que Él ayudara a su pobre hija! Cuando supo que Jesús iba a venir cerca de donde ella vivía, se apresuró a encontrarlo. Mateo 15:21, 22.

No era fácil para los discípulos aprender a amar a todos como lo hacía Jesús. Jesús sabía que ellos no querrían ni siquiera tocar a esta mujer pagana, y ni aun pensarían en ayudarla. Así que Jesús decidió mostrarles la diferencia entre lo que ellos hubieran hecho y el tipo de amor que Él deseaba que aprendieran a tener hacia todos.
Al principio, Jesús actuó como que no iba a prestarle atención a la pobre mujer. Esto es lo que los discípulos hubieran hecho. Entonces, ¿qué le dijo Jesús a la mujer? Versículos 23, 24.

Eso era como haberle dicho que su trabajo consistía en sólo ayudar a los judíos. Y cuando la mujer continuó rogándole a Jesús que ayudara a su hija, Él continuó actuando como lo hubieran hecho los discípulos—como si los judíos fueran los hijos de Dios, y el resto de las personas no más importantes que un animal. Versículos 27, 26.

Esa pobre mujer pagana pudo haberse sentido herida o desanimada; pero de alguna forma ella sabía que en realidad eso no era lo que Jesús quería decir. ¿Qué le dijo ella?

¡Qué maravilloso es saber que Jesús ama a todos! ¿Piensas que los discípulos estaban sorprendidos por lo que Él hizo por la mujer pagana? Él lo hizo para ayudarla, y también para enseñarle a los discípulos a amar a todos. ¿Piensas que Él desea que nosotros también aprendamos a amar a todos?
Un día, un padre muy preocupado, vino desde muy lejos a ver a Jesús. Su precioso hijo estaba muy enfermo, y aunque los doctores habían hecho todo lo posible para sanarlo, aún seguía empeorando más y más, y ahora estaba a punto de morir.

El padre era un oficial importante que trabajaba para el rey. Había oído de los maravillosos milagros que Jesús había hecho; cuando supo que Jesus estaría a varias millas de donde él vivía, se apresuró a buscarlo. Pensó que tal vez Jesús vendría y sanaría a su hijo. Juan 4:46–47.

Cuando el padre vio a Jesús, se sorprendió al ver que su aspecto y su vestir era el de una persona común. Se preguntó si Jesus era en realidad el Mesías. Decidió que si Jesús sanaba a su hijo, entonces creería en Él.



Mientras que el hombre noble le rogaba a Jesús que viniera a sanar a su hijo, no se daba cuenta que Jesús sabía lo que él pensaba. ¿Qué dijo Jesús que le hizo darse cuenta de que Él sabía lo que estaba pensando? Versículo 48.

En ese mismo momento el hombre noble escogió creer en Jesús. ¡Qué feliz debe haber estado Jesús! ¡Y qué emocionado debe haber estado el padre al escuchar las siguientes palabras de Jesús! Versículos 49, 50.

El hombre noble estaba tan seguro de que Jesús había sanado a su hijo, que no se dio prisa a regresar a casa. ¿Quién vino a su encuentro antes de que llegara a casa? Versículos 51, 52

Fue durante la hora séptima cuando su hijo se sanó—la hora exacta en que Jesús le había dicho, "Tu hijo vive". Cuando el hombre noble llegó a casa, le contó a su familia lo que había sucedido. ¿Cómo crees que se sintió la familia? Versículo 53.

Jesús ama a cada uno de nosotros, seamos ricos o pobres. Él sólo quiere que confiemos y creamos en Él como lo hizo el hombre noble. ¡Qué maravilloso y poderoso amigo es Jesús!
Un día Jesús iba caminando con sus discípulos y un grupo de sus seguidores hacia el pueblo de Naín. A menudo paraba para ayudar a las personas, y la multitud crecía cada vez más.

Cuando se acercaron al pueblo, vieron una procesión que lentamente caminaba e iban a enterrar a un hombre que había muerto. Las personas que estaban con Jesús se callaron al ver a la gente entristecida que venía hacía ellos. Pronto se enteraron de que el hombre que había muerto era el único hijo de una pobre viuda. La triste madre lloraba al seguir el ataud abierto en donde yacía su hijo muerto. ¡Cúan sola y desamparada se sentía! Ahora no tenía a nadie, ni quién cuidara de ella. Lucas 7:12.
Jesús sintió lástima de la pobre viuda y se acercó a su lado. Seguro que ella rápidamente se secó la cara llena de lágrimas para ver quién era el que le hablaba con una voz tan amable y bondadosa. Versículo 13.







La gente silenciosamente observaba a Jesús. Entonces escucharon que le hablaba al difunto. ¿Qué dijo y qué sucedió? Versículos 14, 15.

¡Qué felicidad! Las lágrimas de tristeza y dolor de la pobre viuda ahora eran lágrimas de gozo, al abrazarse con su fuerte y saludable hijo. Toda la gente alababa a Dios al regresar al pueblo. No veían la hora de poder compartir con otros los maravillosos milagros que Jesús había hecho ese día. Versículos 16, 17.

Jesús hizo Sus milagros a través del poder de Dios, Su Padre. Él nos estaba ayudando a comprender lo amoroso, bondadoso y poderoso que es Dios, el Padre.

Era difícil para los discípulos comprender que Jesús verdaderamente amaba a todos, pues habían aprendido que las personas que no eran judías no podrían entrar al reino de Dios. También pensaban que algunos judíos era tan pecadores que tampoco ellos podrían entrar a Su reino. Incluyendo los cobradores de impuestos judíos, llamados publicanos. Los cobradores de impuestos eran ricos porque algunas veces le hacían trampa a la gente cobrándoles más impuestos de lo que tenían que pagar.

Había un judío llamado Zaqueo, quien vivía en Jericó, y era cobrador de impuestos. La gente lo odiaba. Lucas 19:1, 2; 3:12, 13.

Cuando Zaqueo oyó que Jesús pasaba por Jericó, se apresuró a ver a esta maravillosa Persona de la cual había escuchado tanto. Pero Zaqueo era bajito y nadie le permitía dar paso entre la multitud que se encontraba alrededor de Jesús quien caminaba lentamente por la calle. Así que Zaqueo corrió adelante y se trepó a un árbol para poder ver. Al pasar Jesús bajo el árbol donde Zaqueo se había subido, ¿qué sucedió? Lucas 19:3–6.
La gente estaba asombrada de pensar que Jesús iría a casa de un cobrador de impuestos y comenzaron a hablar entre ellos de lo mal que estaba eso. Entonces, allí mismo, en frente de toda la multitud Zaqueo le dijo a Jesús que ya había dejado de engañar a la gente y que devolvería todo el dinero que les había cobrado de más.¿Qué dijo Jesús acerca de eso? Versículos 9, 10.

La mayoría de las personas estaban seguras de que Zaqueo era tan malo que nunca podría entrar en el reino de Dios. Ellos no sabían que por ser tan orgullosos, eran aun peores pecadores que Zaqueo. Como no se creían pecadores, no pensaban que necesitaban a Jesús.

Es fácil olvidar que todos hemos pecado. Todos estaríamos perdidos si no fuese porque Jesús vino a morir por nosotros. Él ha hecho posible que le podamos obedecer, si lo amamos y le pedimos que nos ayude. Nunca debemos considerarnos mejor que otros pecadores.
Un día, cuando Jesús hablaba con un grupo grande de seguidores, ¿qué pregunta le hizo un doctor de la ley? ¿Qué pregunta le hizo Jesús al doctor de la ley y cual fue su respuesta? Lucas 10:25–27.

Cuando Jesús le dijo que su respuesta era correcta, ¿qué otra pregunta le hizo el doctor de la ley? Versículos 28, 29.

La última pregunta, "¿Y quién es mi prójimo?" también la tenían muchos judíos. Pensaban que los samaritanos y los paganos no eran sus prójimos, ni tampoco querían pensar en los cobradores de impuestos judíos como sus prójimos ¿Pero qué tal todos los otros judíos?
Los sacerdotes y gobernadores habían creado reglas para no tener que tratar a muchos de los otros judíos como sus prójimos. Pero mucho tiempo atrás, Dios le había enseñado a su pueblo cómo tratar a otros. Lee Levíticos 19:33, 34.

Jesús ya había demostrado a la gente, por la forma en que ayudaba a otros, que todos eran sus prójimos, pero para contestar la pregunta del doctor de la ley y para ayudar a muchos de los que estaban escuchando, les relató una interesante historia. Léela en Lucas 10:30–35.

Cuando Jesús terminó de contar la historia, ¿qué le preguntó al doctor de la ley, y cómo le respondió éste? Versículos 36, 37.



Si el hombre a quien los ladrones atacaron hubiese sido samaritano, tal vez no hubiese recibido ayuda. Pero aunque el samaritano sabía que el herido era judío, aun así lo ayudó. Los líderes algunas veces eran odiosos con las personas de su propia tierra. No querían a los cobradores de impuestos y no cuidaban de algunos de los enfermos y pobres como debían. Estaban seguros de que Dios amaba más a los ricos que a los pobres. Y que los ciegos e inválidos eran así porque Dios los estaba castigando por sus pecados. ¡Que triste!

¿Piensas que esta historia del buen samaritano le ayudó a la gente que la escuchó ese día? ¿Te ayuda a entender quiénes son tus prójimos?


 

Recordando lo que mi Biblia dice…


  • Cuando Jesús estaba en esta tierra, se cansaba, le daba hambre y sed como a nosotros. Pero, ¿que era más importante para Él—cuidar de sus propias necesidades o ayudar a otros?¿Qué debería de ser mas importante para nosotros?

  • ¿Piensas que la fe de esta mujer hizo feliz a Jesús? Los discípulos estaban aprendiendo que Jesús verdaderamente nos ama a todos. Jesús quiere que aun los paganos tengan fe en Él. ¿Debemos de tener favoritismo, o debemos amar a todos, aun aquellos que son diferentes que nosotros?

  • Si tú hubieses sido el hombre quien tenía un hijo enfermo, ¿te hubieras preguntado al principio si Jesús verdaderamente era el Mesías?¿Es prudente juzgar a las personas por su apariencia?

  • ¿Se entristece Jesús, aun ahora, cuando alguien muere? ¡Oh, sí! Él ama a todos. Jesús usó Su poder como el Hijo de Dios sólo para ayudar a otros, nunca para ayudarse a sí mismo. ¿En qué forma le ayudó a la gente a reconocer que Jesús verdaderamente era el Hijo de Dios, cuando le devolvió la vida al hijo de la viuda? ¿Podría Satanás u otra persona hacer algo así?

  • ¿Cómo demostró Zaqueo que verdaderamente estaba arrepentido por las actos malos que había cometido? ¿Cómo demostramos nosotros que verdaderamente estamos arrepentidos?

  • Si verdaderamente obedecemos los diez mandamientos, ¿cómo debemos tratar a otros? Debemos odiar las cosas malas que otros hacen, pero debemos siempre amar y orar por los que hacen cosas malas. Eso fue lo que Jesús hizo.
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