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My Bible First Lessons

Compartiendo el Amor de Jesús
con Otros – LECCIÓN 24

Basado en Hechos 1–7
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Después de que Jesús murió, tomando nuestro lugar, y resucitó, estuvo en esta tierra por casi seis semanas. Parte del tiempo estuvo con sus discípulos; y ¡Oh, cuán cuidadosamente escucharon cada palabra que decía! Después, llegó el tiempo de regresar al cielo. ¿Cuál fue la promesa que Jesús ya les había dado? Juan 14:1–3.

La hermosa promesa que Jesús le hizo a sus discípulos tiempo atrás, es tanto para nosotros como lo fue para ellos. Jesús también prometió que nunca dejaría a sus discípulos, ni a nosotros. Recuerda que, cuando escogemos pertenecer a Jesús, somos entonces, sus discípulos, también. Juan 14:18.
¿Te has preguntado cómo es que Jesús puede estar en el cielo y también estar con nosotros a la misma vez? Hace eso a través del Espíritu Santo. ¡Qué maravilloso! A través del Espíritu Santo, Jesús puede estar con nosotros, y ayudarnos a la misma vez. Versículo 26.

Claro que el Espíritu Santo siempre ha estado en nuestro mundo; pero Jesús prometió enviarlo en forma especial cuando regresó al cielo. ¿Dónde le dijo a los discípulos que esperaran hasta que descendiera el

Claro que el Espíritu Santo siempre ha estado en nuestro mundo; pero Jesús prometió enviarlo en forma especial cuando regresó al cielo. ¿Dónde le dijo a los discípulos que esperaran hasta que descendiera el Espíritu Santo con poder especial el cual ellos necesitarían? Lucas 24:49.

El día en que Jesús sabía que dejaría nuestro mundo para regresar al cielo, llevó a sus discípulos cerca del pequeño pueblo de Betania. Betania estaba en el Monte de los Olivos, cerca de Jerusalén. Al Jesús levantar sus manos, para bendecir a sus discípulos, ¿qué pasó? Versículos 50, 51.

Jesús estaba por dejarlos. Los discípulos contemplaron hasta que una nube lo escondió, y ya no pudieron verlo. Pero al mirar hacia el cielo, dos ángeles aparecieron para hablar con ellos. Ángeles habían venido para llevar a Jesús al cielo, y había mandado a dos de ellos de vuelta para recordarle a sus discípulos Su promesa. Hechos 1:9–11.

Espíritu Santo con poder especial el cual ellos necesitarían? Lucas 24:49.

Mientras los discípulos regresaban a Jerusalén, hablaban acerca de lo que Jesús les había dicho que hicieran y acerca de las hermosas promesas que les había dado.. Ellos sabían que aunque ya no podían ver a Jesús, Él cumpliría sus promesas de ayudarles para que pudieran contarle a otros acerca de Él y de Su plan maravilloso para salvarnos. Mateo 28:18–20.





Después de que Jesús fue al cielo, los discípulos se quedaron en el aposento alto en Jerusalén. Mientras esperaban por el poder especial que Jesús les había prometido que mandaría, pensaron en las muchas veces que habían sido egoistas, celosos, y faltos de bondad entre ellos. Humildemente se pidieron perdón y le pidieron perdón a Jesús. Ellos querían que sus corazones estuvieran limpios para que el Espíritu Santo pudiera llenarlos con el amor y el poder de Jesús.

Entonces, un día, de repente, escucharon un viento fuerte. Jesús estaba cumpliendo Su promesa. Otra gente que estaba alrededor de ellos podía darse cuenta de que algo maravilloso había sucedido. ¿Qué era? Hechos 2:1–6, 12, 13.

Rápidamente, Pedro, sin temor, le dijo a la multitud que Dios había mandado Su Espíritu Santo para ayudarles a que pudieran decirles a otros de Jesús. Mientras la multitud escuchaba, anhelosa, el Espíritu Santo ayudó a Pedro para que predicara un poderoso sermón. Sin temor les dijo que ellos habían crucificado al Hijo de Dios. Y a medida que el Espíritu Santo hablaba a sus corazones, sabían que lo que Pedro les decía, era verdad. ¿Cuántos escogieron creer en Jesús y ser bautizados aquel día, después del sermón de Pedro? Versículos 36–38, 41.

Ese día fue sólo el comienzo de muchas cosas que pasaron después de que el Espíritu Santo les dio ese poder especial a los discípulos. La gente estaba deseosa de convertirse en seguidores de Jesús; los ricos compartían sus riquezas con los pobres; y los creyentes se amaban entre sí. No estaban celosos ni orgullosos. Eran como una gran familia. Versículos 44–47.

Satanás estaba furioso. Los sacerdotes y gobernantes no sabían qué hacer. Habían tratado de detener la obra de Jesús, matándolo; pero ahora, más que nunca, la gente estaba decidiendo creer en Él. Nada les estaba saliendo como ellos querían.
Todos los días, los discípulos iban al templo para enseñar y predicarle a la gente acerca de Jesús. Al pasar, Pedro y Juan, por la entrada del templo, una tarde como a las tres, algo maravilloso sucedió. Hechos 3:1–10.

Todos estaban sorprendidos. Pero Pedro y Juan pronto vieron que la gente pensaba que ellos tenían el poder para hacer esos milagros. De una vez le dijeron a la multitud que aquel pobre cojo no había sido sanado porque en ellos hubiera poder especial. Era Jesús quien lo había sanado. Y le recordaron a la gente que, aunque muchos de ellos no se daban cuenta, habían matado al Hijo de Dios. Pedro les animó a que se arrepintieran por haber cometido ese gran pecado. Ahora Jesús les estaba dando oportunidad de arrepentirse de ese terrible pecado que habían cometido. Versículos 14–16, 19.



Mientras Pedro hablaba, algunos de los líderes llegaron y los detuvieron. Y, aunque Pedro y Juan fueron llevados a la carcel esa noche, ¿cuántos de los que los habían escuchado se convirtieron en seguidores de Jesús? Hechos 4:1–4.

El próximo día, cuando los miembros del concilio se reunieron, otra vez, trajeron a Pedro y a Juan para interrogarlos. Quizás los dos discípulos pensaron cómo esa misma gente había tratado a Jesús sólo unas pocas semanas antes. Y, quizás, Pedro recordaba cuando había jurado que ni siquiera conocía a Jesús. ¡Cuánto había cambiado! El Espíritu Santo lo había ayudado a cambiar; y ahora Pedro contestaba las preguntas ante el concilio, sin temor. Versículos 7–10, 12.
Los miembros del concilio no sabían qué hacer. Mandaron a que Juan y Pedro salieran del cuarto para que ellos pudieran dialogar. Ellos tenían que admitir que había sucedido un milagro. Finalmente le dijeron a los dos valientes discípulos que no enseñaran de Jesús más. ¿Prometieron Pedro y Juan que obedecerían esa orden? Versículos 15–21.

Pedro y Juan regresaron a los otros creyentes y les contaron lo que había pasado. Después todos oraron y tuvieron un culto de alabanza. A través del poder del Espíritu Santo, habían sido valientes por Jesús. ¿Cómo demostró Jesús que estaba complacido con eso? Versículo 31.




Satanás sabía que Jesús estaba ayudando a los discípulos. Vio que se habían convertido en hombres valientes, y vio cuanta gente estaba escogiendo creer en Jesús. Aún muchos de los sacerdotes estaban convirtiéndose en seguidores de Jesús. Hechos 6:7.

Cuando Jesús murió y resucitó, Satanás sabía que al final, Él mismo moriría. Él sabía que ya había perdido la batalla que él mismo había empezado hacía muchos años atrás en el cielo. Y ahora, odiaba a Jesús más que antes. Ya no podía tentar a Jesús más, pero sabía que aún podía tentar y hacerle daño a la gente en el mundo. Él sabía que eso le dolería a Jesús, quien nos amó tanto que estuvo dispuesto a morir por nosotros. También Satanás sabe que cualquiera que le obedece tendrá que morir con él y sus ángeles malvados.

Los miembros del concilio que interrogaron a Pedro y a Juan, sabían que los discípulos no tenían mucha educación. Pero aun así, pudieron hablar de Jesús de una forma poderosa. Conocían las profecías acerca de Jesús. Hablaron la verdad sin temor, tal como lo hizo siempre Jesús; pero fueron también respetuosos, al igual que Jesús siempre fue. Y aunque el concilio lo amenazó, valientemente continuaron hablando de Jesús. Hechos 4:13, 31.

Jesús le dio a sus discípulos poder para hacer grandes milagros en Su nombre, y estaban sanando a muchas personas. Eso hizo que el sumo sacerdote y otros líderes se enojaran. Pero cuando tartaron de detener lo que estaba sucediendo, ¿cómo ayudó Jesús a sus discípulos? Hechos 5:16–32.
Al principio, los miembros del concilio no sabían qué hacer en cuanto a los milagros y a las enseñanzas que Jesús hacía a través de los discípulos. Pero cuando escucharon lo que Pedro y los demas dijeron, se enojaron tanto que hicieron planes para matarlos. Entonces, uno de los miembros del concilio sugirió que tuvieran cuidado de lo que estaban planeando. ¿Qué pasó al final? Versículos 33–35, 38–42.




Tantos estaban creyendo en Jesús, que los discípulos pronto se dieron cuenta que necesitaban a hombres que ayudaran a ministrarle a los nuevos creyentes. El Espíritu Santo los ayudó para que pudieran pensar en un buen plan, y se escogieron a siete hombres. Se les llamó diáconos. Hechos 6:3–6.

Esteban, unos de esos diáconos, era un buen predicador y un buen ayudante a la vez. Mientras trabajaba por Jesús, ¿cómo lo bendijo el Espíritu Santo? Versículo 8.

Esteban conocía las Escrituras tan bien, que sus enemigos no podían comprobar que había nada malo con lo que le estaba enseñando a la gente. Pero los enemigos de Jesús estaban tan determinados a detener la obra que estaba haciendo, que aun le pagaron a personas para que dijeran mentiras acerca de él en el concilio. Ver 10–13.
Cuando el sumo sacerdote escuchó esas mentiras, le preguntó a Esteban, ¿es verdad lo que dicen? En vez de contestar, "sí" o "no," Esteban comenzó, respetuosamente, a contar una historia que a ellos les gustaba escuchar. La historia comenzaba con Abraham, el hombre que Dios uso para comenzar su nación, y a quien todos los judíos llamaban padre. Hechos 7:1–3.

Al estar Esteban ante el concilio, su rostro brillaba como el de un ángel. Hechos 6:15.

Todos escuchaban calladamente mientras él contaba la historia hasta que dijo algo que no querían escuchar. Lo que él dijo debió de haberles recordado que Jesús les había advertido que su hermoso templo sería destruido un día. Hechos 7:47, 48.

Inmediatamente, los miembros del concilio se enojaron mucho. Comenzaron a gritarle a Esteban. Aunque él sabía que lo iban a matar, no tenía miedo. Le dijo al concilio que se estaban comportando igual que sus antepasados, quienes mataron a los profetas quienes les amonestaban para que dejaran de pecar.
¿Qué fue lo que vio Esteban, y qué dijo antes de que esas personas enojadas lo mataran? Versículos 51–60.

Qué hicieron los miembros del concilio con sus mantos el día cuando apedrearon a Esteban por serle fiel a Jesús? Hechos 7:58.

Saulo creía que las terribles cosas que los sacerdotes y líderes dijeron acerca de Jesús, eran verdad. Después de que Esteban murió, cuando los líderes trataron con mayor esfuerzo de atemorizar y de perseguir a los creyentes, Saul se convirtió en uno de sus mejores ayudantes. Hechos 8:1, 3.

Debido a la terrible persecución, muchos de los creyentes tuvieron que salir de Jerusalén y se fueron a otras partes del país. Pero, donde quiera que iban, Jesús iba con ellos, a través del Espíritu Santo. Y, mientras predicaban, muchos más aprendieron de Jesús; y escogieron ser leales a Él, también. Claro que esto causó que Satanás se enojara. Y los líderes se enojaron, también, al ver lo que estaba sucediendo.
Felipe, uno de los diáconos, fue a Samaria a predicar las buenas nuevas de Jesús en esa ciudad. El Espíritu Santo obró milagros a través de Él al sacar espíritus malos de la gente, y al sanar a muchos de enfermedades. Tanta gente creyó, debido a la predicación de Felipe, que los discípulos en Jerusalén mandaron a Pedro y Juan para que lo ayudaran. Versículos 5–8, 14.

Al regresar a Jerusalén, Pedro y Juan predicaron en muchos otros lugares de Samaria. Jesús estaba bendiciendo el trabajo de sus fieles ayudadores.
Versículo 25.


 
 

Recordando lo que mi Biblia dice…


  • ¿Cómo crees que se sintieron los discípulos mientras caminaban de regreso a Jerusalén sin Jesús? ¿Crees que se sintieron felices de que los ángeles les habían recordado las promesas de Jesús de que vendría otra vez?

  • Ahora, en vez de argumentar y discutir entre ellos, los discípulos se pidieron perdón y le pidieron a Jesús que los perdonara. ¿Quiere Jesús que seamos como los discípulos, y que nos amemos como ellos lo hicieron? ¿Cómo demostramos de que amamos a otros? Menciona algunas maneras en que puedes demostrar ese amor.

  • ¿Cumplió Jesús su promesa de que estaría con sus discípulos en la forma del Espíritu Santo? ¿Hubiera sido fácil dejar que la gente pensara que el poder para sanar al paralítico era de Pedro y Juan? ¿Por qué no dejaron que la gente pensara así?

  • Satanás estaba tratando, por todos los medios, de lograr que la gente no escogiera seguir a Jesús. Pero, ¿tenía poder Satanás para evitar que la gente escogiera? No. Más y más gente estaban escogiendo amar, confiar y obedecer a Jesús. ¿Puede tener Satanás poder para evitar que tú sigas a Jesús?

  • ¿Sabían los mienbros del concilio, en sus corazones, que Esteban estaba diciendo la verdad? ¿Te has sentido triste cuando tus padres o maestros han tratado de ayudarte para que reonozcas que has dicho o hecho algo malo? ¿Puede Jesús ayudarte a cambiar esos sentimientos?

  • A causa de la persecución, los creyentes fueron diseminados a muchos lugares diferentes. ¿Qué piensas que hicieron a dondequiera que iban? Al final, la persecución fue una bendición, pues mucha más gente escuchó acerca de Jesús y creyó en Él.
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