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My Bible First Lessons

Aprendiendo a Confiar en Dios
LECCIÓN 6

Basado en Éxodo 7–20
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Cuando Moisés y Aarón le pidieron a Faraón que dejara salir a los israelitas, ¿qué hizo el rey? Los trató tan cruelmente que muchos desearon que Moisés nunca hubiera tratado de ayudarlos.

Realmente fue como una guerra. Por un lado, Satanás trató de que Dios no cumpliera su promesa de liberar a Su pueblo. El obstinado Faraón estaba de su lado. Del otro lado estaba Dios, con Moisés, Aarón, y los ancianos, que le decían a los desanimados israelitas que Dios cumpliría Su promesa.

Lee Éxodo 7:1–6. ¿Qué significa el versículo 3? Sabemos que Dios ama a todos. Dios el Hijo (Jesús) iba a morir así tomando el lugar de todos. ¿Cómo iba Dios a "endurecer" el corazón de alguien? Pensemos en ésto.


Si ponemos un pedazo de cera y un recipiente con lodo al sol, en un caluroso día de verano, ¿qué pasará cuando el sol se ponga más y más caliente? La cera se pondrá más suave, pero el lodo se pondrá más y más duro.

La cera es como el corazón de una persona que escoge amar a Dios, confiar en Él y obedecerle. El lodo es como el corazón de una persona que escoge creer las mentiras de Satanás. Dios es como el sol que brilla sobre todos. Cada uno escoge qué tipo de corazón desea tener. ¿Qué tipo de corazón escogió Faraón?

Dios trató de convencer de muchas maneras a Faraón y a los egipcios que Él era el único Dios verdadero. Finalmente, mandó diez diferentes plagas, una tras otra. Cada vez, Dios le dio oportunidad a Faraón para que creyera y obedeciera. Cada plaga era peor que la anterior.

Dios todavía amaba a Faraón y a los egipcios. Les estaba dando oportunidad tras oportunidad para que escogieran obedecer. Pero cada vez, Faraón se hacía más obstinado y se enojaba más. Versículo 22. Continuaba escogiendo tener un corazón duro.

La décima plaga, sería el castigo más terrible. ¿Cómo sería? Éxodo 11: 4, 5.
Dios le dijo a los israelitas cómo debían prepararse para esta plaga. ¿Qué debían hacer? Éxodo 12:3–13.

Cada familia israelita hizo exactamente lo que Dios había dicho. Al poner la sangre del corderito en sus dinteles, demostraban que estaban confiando en que Dios los protegería del ángel de la muerte.

Cada año subsiguiente, los israelitas celebrarían la pascua como recordatorio de aquella noche maravillosa. También habría de recordarles que Jesús un día moriría para librarnos, para siempre, del cruel y malvado Satanás, si escogemos amarlo, confiar en Él y obedecerle.

Cuando llegó el tiempo para la décima plaga, ¿qué pasó a medianoche? Éxodo 10:29, 30. Por fin el necio Faraón se rindió. Aún no sentía arrepentimiento por el mal que había hecho. Sin embargo, sabía que no podía detener el cumplimiento de las promesas de Dios. Ahora los egipcios temían por sus vidas. De modo que Faraón mandó que los isaraelitas salieran de Egipto inmediatamente. Versículos 31–33.

Por fin, los israelitas iban camino de regreso a Canaán. Moisés sabía exactamente cómo organizarlos a todos. Habían aproximadamente dos millones de personas, mas todos sus animales.

Cuando alzaban sus ojos al cielo, ¿qué veían? Éxodo 13:21. Dios los estaba guiando con una hermosa nube. Él los guiaría hasta Canaán.

Pero cuando la nube los guió en la dirección opuesta a Canaán, hacia el Mar Rojo, la gente comenzó a quejarse. ¿Por qué estaba la nube guiándolos por el camino equivocado? Ellos no entendían que Dios los iba a guiar evitando el país de los filisteos, donde vivían los enemigos.

Pronto los isarelitas llegaron al Mar Rojo. Acamparon, y frente a ellos, hacia el Sur, había una montaña, y al frente estaba el Mar Rojo. La hermosa nube los guió hasta este preciso lugar. Pero ¿qué sucedería si Faraón decidía perseguirlos?

De pronto, alguien debió haber gritado, "¡Miren!" Rápidamente, la noticia corrió por el campamento. "¡Los egipcios vienen!" Y sí era, en la distancia, vieron el ejército egipcio que se dirigía hacia ellos. Sus brillantes armaduras resplandecían en el sol.
Inmediatemente, los isarelitas se horrorizaron y comenzaron a culpar a Moisés del problema. ¿Cómo contestó Moisés? Éxodo 14:13, 14.

Entonces sucedieron dos cosas maravillosas. Primero, la nube se movió y se interpuso entre los israelitas y el ejército egipcio. Ahora no podían verse los unos a los otros.

¿Cuál fue la segunda cosa que Dios hizo? Versículos 21, 22.

¡Qué milagro tan maravilloso! Un fuerte viento sopló. El mar se dividió. Y grandes paredes de agua se levantaron a ambos lados del ancho camino que ahora se veía a través del mar dividido. Rápidamente los israelitas caminaron por el camino ancho y seco hasta la otra orilla del Mar Rojo.

Una vez más, Dios había comprobado de que no hay nada que sea imposible para Él.


Otra vez, el necio rey Faraón, se propuso hacer su voluntad. Le dijo a su ejército que persiguiera a los isarelitas por el camino ancho y seco en el mar. Pero, ¿qué pasó después? Éxodo 14:23–25.

Ahora ¿a quién le tocaba asustarse? Las ruedas de los carruajes egipcios se estaban atascando y safándose. Nadie, en el ejército de Faraón pensaba ya en perseguir a los esclavos. Todos estaban ahora tratando, desesperadamente, de retroceder y salir del mar. Pero era demasiado tarde. ¿Qué le dijo Dios a Moisés que hiciera? Versículo 26.

Las altas paredes de agua se derrumbaron cayendo sobre el ejército egipcio. Finalmente los israelitas estaban libres. Ahora estaban a salvo al otro lado del Mar Rojo. Pero todo el ejército de Faraón que había perseguido a los isarelitas a través del camino seco, yacía muerto. Todos se ahogaron cuando el agua del mar cubrió el camino por donde habían pasado. Versículos 27, 28.

Finalmente los isarelitas iban de camino hacia la tierra que Dios les había prometido que sería de ellos algun día. Sin embargo había una lección muy importante que debían aprender primero.

Les era difícil confiar plenamente en Dios. Pero ¿Por qué? ¿No había cumplido Dios cada promesa que les había hecho? Sí. No les había fallado ni una sola vez. Les había demostrado una y otra vez que no hay nada que sea demasiado difícil para Él. Pero aunque Dios había demostrado su amor y poder tantas veces, y aunque tenían la nube que los guiaba continuamente, con todo y eso se preocupaban y fácilmente dudaban. Se olvidaban que Dios cuidaría de ellos.

Ahora les tocaba continuar el viaje. Y, por supuesto, la hermosa nube los guiaba.
Durante tres largos días caminaron y caminaron. El terreno a su alrededor era árido y seco, y pronto se dieron cuenta de que el agua se estaba acabando. Todos estaban sedientos y buscando agua. Éxodo 15:22.

Ahora tenían oportunidad de escoger. ¿Escogerían confiar en Dios, o murmurarían otra vez?

 

De repente alguien gritó, "¡Agua! ¡Miren! ¡Allá adelante!" Y todos comenzaron a correr hacia el agua.

Pero su entusiasmo y alivio no duró mucho. ¿Cuál fue el problema? Éxodo 15:23. ¡Qué chasco! ¡Y precisamente cuando todos pensaban que por fin habían encontrado agua! Y ahora ¿qué hicieron? Versículo 24.

Moisés hizo lo que todos debemos hacer cuando necesitamos ayuda. Hablar con Dios. Y nuevamente, Dios comprobó que no hay nada que sea demasiado difícil para Él.

Después de que la gente y los animales tomaron toda el agua que quisieron, Dios le dio a los israelitas otra maravillosa promesa. ¿Cuál fue? Versículo 26.

Continuaron el viaje, siguiendo la hermosa nube, y pronto se dieron cuenta de que no había mucha comida por esa región; y la comida que ellos habían traído se había casi acabado.

Aunque todavía tenían algo de alimento, y todavía no había hambre; recurrieron a su viejo hábito de quejarse y preocuparse. ¿Dónde encontrarían comida? ¿Qué pasaría si no encontraban? ¿Se morirían todos de hambre?

Nuevamente, Dios les estaba dando una oportunidad para que confiaran en Él. ¿Qué escogerían esta vez?

Dios habló con Moisés y Aarón, y les prometió que proveería alimento para los israelitas. Éxodo 16:4–8. Esa noche escucharon el zumbido de alas. Cientos de codornices volaban tan bajo que la gente, fácilmente, las podía coger.

Cuando llegó la mañana, la gente miró hacia afuera de sus carpas, ¿qué vieron? Versículos 14, 15. "¿Qué es eso?" preguntaron. Lo llamaron maná, que quiere decir "¿Qué es esto?". El maná tenía un rico sabor. Se podía moler, hervir o poner al horno.


 

Dios les había dado la cantidad que cada persona necesitaría para cada día. Todo lo que quedaba sobre la tierra, se derretía cuando se calentaba con la salida del sol.
Si alguien trataba de guardar una porción para el próximo día, ¿qué sucedía? Versículos 19, 20.

Pero cada semana había un día que era diferente. El sexto día, Dios les dijo a los israelitas que recogieran suficiente maná para dos días. Lo que guardaran para el séptimo día no se echaría a perder. Así tendrían comida para el Sábado, pues no caería ese día. Versículos 22–30.

Dios quería recordarles cada semana que el guardar el Sábado era tan importante como lo había sido cuando se lo dio por primera vez a Adán y a Eva en el Jardín del Edén. Génesis 2:2, 3.

El próximo lugar donde los isarelitas acamparon se llamaba Refidim. Era un oasis, así es que los viajeros debían encontrar agua allí. ¿Pero qué pasó? Éxodo 17:1, 2.

¿Les suena esto a algo que ya hemos escuchado antes? Sí, sólo que ahora es peor. Esta vez estaban tan enojados que estaban casi listos para matar a Moisés. Versículo 4.

¿Qué haría Dios? ¿Qué podía hacer Dios cuando su pueblo siempre rehusaba confiar en Él?

Moisés siempre hablaba con Dios cuando habían problemas. ¿Qué le dijo Dios que hiciera esta vez? Versículos 5, 6.

  Cuando Moisés y los ancianos llegaron a la roca, Moisés tomó su vara y la golpeó, tal como le había dicho Dios. Inmediatamente salió agua que corrió como un río.

Te has de imaginar cuán emocionada estaría la gente. "¡Agua!, ¡Hay agua!, ¡Dense prisa!" Todos tomaron hasta saciarse. Ya nadie tenía sed.

Dios había realizado grandes milagros para inducirlos a que confiaran en Él. Pero habían continuado murmurando, quejándose y culpando a Moisés. De seguro, ya los isarelitas sabían que no hay nada imposible para Dios. Por seguro comenzarían a confiar en Él ahora. ¿Lo harían o no?

Sólo algunas semanas habían pasado desde que los israelitas habían salido de Egipto. Ahora Dios los llevó a una montaña muy especial llamada el Monte Sinaí. Allí acamparían por casi un año. ¿Qué le pidió Dios a Moisés que le dijera al pueblo? Éxodo 19:3–7.

¿Cómo contestó la gente? Versículo 8. Hicieron una gran promesa, ¿verdad? A Dios le complacía que ahora quisieran obedecer. Pero Él sabía que ellos aún no entendían que no podían hacer el bien por ellos mismos. Debían aprender a confiar en Él primero, para que entonces Dios pudiera ayudarles a obedecer.

Dios quería tener una reunión muy especial con los israelitas. ¿Cómo debían prepararse para esta reunión?
Versículos 10–13.

¿Te haz de imaginar cómo todos se apuraron? Contaban con sólo dos días para hacer todo.

  La mañana del tercer día ya todos estaban listos. Cuando miraron hacia la montaña, vieron que estaba cubierta con una densa nube negra.
Relámpagos deslumbrantesy truenos retumbantes provenían de la nube negra. Fuego y humo subían hacia el cielo. La tierra tembló y se sacudió. Y la gente estaba aterrorizada.

Entonces Moisés llevó al pueblo más cerca de la montaña. Dios mismo había desendido al Sinaí para hablar con Su pueblo; y mientras escuchaban en silencio y con reverencia, Él habló con ellos. ¿Qué dijo primero? Éxodo 20:1, 2.

Luego, Dios les dio los Diez Mandamientos. Léelos en Éxodo 20:3–17.
Siendo que habían sido esclavos por tantos años, los israelitas no sabían cómo gobernarse. Primero debían aprender a confiar en Dios y obedecerle. Entonces, Él podría hacer de ellos una nación grande y poderosa, siendo Él su líder. Otras naciones los mirarían y aprenderían acerca de su poderoso y amoroso Dios.

Después de que Dios le dio sus reglas, el pueblo aún tenía miedo. ¿Qué le rogaron a Moisés que hiciera? Versículos 18, 19.

Antes de que Moisés se fuera para hablar con Dios, ¿qué le dijo al pueblo? Versículo 20. Dios no quería que le tuvieran miedo. Quería que le tuvieran miedo al pecado. Él les estaba dando sus reglas de felicidad para que supieran lo que era el pecado.
Pecar es desobedecer los Diez Mandamientos. 1 Juan 3:4. El no obedecer a Dios es igual a escoger obedecer a Satanás.

Si pudieramos resumir todos los mandamientos en una sola palabara, ¿Sabes cuál sería esa palabra? Sería -amor. Lee 1 Juan 4:8. Dios no sólo tiene amor. El es amor. Todo lo que hace, lo hace por que Él es amor. Lo único que odia es el pecado, porque el pecado nos daña y nos destruye.

Los primeros cuatro mandamientos nos enseñan a cómo mostrar que estamos escogiendo amar y obedecer a Dios. Los últimos seis nos enseñan cómo escoger amar a los demás.

¡Dios ama a todos! Tan sólo odia nuestros pecados. Y aun más que cualquier otra cosa, desea perdonar nuestros pecados. Cuando amamos a Dios, le permitimos que nos ayude a obedecer. Y podemos estar absolutamente seguros de que Él lo hará. ¡Qué maravilloso!

Recordando lo que mi Biblia dice…


  • Dios le dijo a los israelitas que, para que estuvieran a salvo de la décima plaga, debían colocar la sangre del cordero en los dinteles de la puerta de sus casas. ¿Fue la sangre del cordero la que los salvó del ángel de la muerte?¿Quién fue realmente quien los mantuvo a salvo? ¿Qué representaba la sangre del cordero?

  • Cuando Faraón dejó que los israelitas salieran libres, ¿estaba realmente arrepentido por desobedecer a Dios? Si estamos verdaderamente arrepentidos por el mal que hemos hecho, ¿vamos a querer seguir haciendo lo malo? 2 Corintios 7:9–11.

  • Si confiamos en Jesús, ¿nos debemos preocupar si tendremos suficiente comida o agua para tomar? Filipenses 4:19 e Isaías 33:15, 16.

  • Dios estaba cuidando de los israelitas. Pero ellos frecuentemente se quejaban y murmuraban. ¿Debían ellos de haber sido agradecidos en vez de quejarse? ¿Qué clase de corazón quieres tener? ¿Uno que murmura y se queja, o uno que es agradecido? Filipenses 2:14, 15.

  • Los israelitas prometieron que obedecerían a Dios. Éxodo 19:8. ¿Será importante obedecer a Dios? Claro que sí. Pero no podemos obedecer por nosotros mismos; necesitamos pedirle a Dios que nos ayude. Esto es lo que los israelitas estaban aprendiendo.

  • Los israelitas prometieron que obedecerían a Dios. Éxodo 19:8. ¿Será importante obedecer a Dios? Claro que sí. Pero no podemos obedecer por nosotros mismos; necesitamos pedirle a Dios que nos ayude. Esto es lo que los israelitas estaban aprendiendo.
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