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My Bible First Lessons

Viajando Hacia la Tierra Prometida
LECCIÓN 8
Basado en Números 13, 14, 20, 21; Josué 1–4, 6
Menú de la lección Lee la lección siguiente QUIZ 8
   
"¡La nube se está levantando!" "¡La nube se está levantando!" así era, la nube que estaba sobre el tabernáculo se estaba levantando majestuosamente en el cielo. Todos sabían lo que eso significaba. Números 9:17. ¡Iban a comenzar su viaje hacia Canaán!

Ahora todos estaban empacando. Los levitas y los sacerdotes cuidadosamente empacaban cada pieza de los sagrados muebles del santuario. Todo se hizo sin problemas y en perfecto orden.

Finalmente todos estaban listos para comenzar el viaje hacia Canaán. La nube se movió delante de ellos; las trompetas sonaron; y la gente comenzó a caminar.


No habían autopistas. Es más, ni aún había una carretera. El camino era rocoso y áspero. Y la gente pronto se dio cuenta de que la nube no los conducía hacia el camino más corto. Y aunque Dios cuidaba de ellos, se quejaban de muchas cosas.
Finalmente acamparon en Cades, cerca de Canaán, y todos estaban muy emocionados. ¿Qué le dijo Dios a Moisés? Números 13:1, 2.

Escogieron los espías, y fueron a explorar la hermosa tierra que Dios había prometido darles. ¿Cómo sería?

Los espías se ausentaron casi por seis semanas, mientras que la gente esperaba ansiosamente su regreso. Finalmente regresaron. No había ninguna duda en cuanto a la clase de comida que se cosechaba en Canaán. Los hombres trajeron muestras con ellos, y era maravilloso. Un racimo de uvas era tan grande, que tomó dos hombres para cargarlo.

Todos escucharon atentamente los reportes de los espías. ¿Qué fue lo que primero dijeron los hombres? Versículo 27. La gente sonrió alegremente. Pero después las risas cesaron. A medida que los hombres hablaban, la gente se llenaba más y más de temor. Los hombres hablaban de grandes murallas alrededor de las ciudades y de los terribles enemigos que vivían allí. Dijeron que los gigantes eran tan grandes que se sintieron como grillos al lado de ellos.

Entonces la gente se enojó y comenzó a quejarse otra vez. Aún hablaban de regresarse a Egipto. ¡Qué triste! ¡No habían cambiado!

Dos de los espías que habían ido a inspeccionar a Canaán no estaban de acuerdo con la forma de hablar de los demás. Estos fueron Caleb y Josué. Cuando la gente se enojó, ¿qué les dijo Caleb? Números 13:30.

Pero los otros diez espías insistieron de que los canaanitas eran más fuertes que los israelitas, y que no podrían sacarlos de allí. ¡Qué cobardes eran! Eran líderes,pero ¡qué ejemplo tan terrible estaban dando a la gente! Caleb y Josué fueron los únicos valientes, y realmente confiaron en Dios. Lee lo que ellos dijeron. Números 14:6–9.

Claro que Dios era lo suficientemente fuerte. Él puede hacer cualquier cosa. Pero hay una cosa que Él nunca ha hecho, y que nunca hará. Nunca obligará a nadie a confíar en Él.

Moisés y Aarón oraron, y le preguntaron a Dios qué hacer. ¿No habría nadie más, aparte de Moisés, Aarón y los dos espías valientes que confiaran en Dios? Moisés le rogó a Dios que perdonara otra vez al pueblo. ¿Lo hizo? Versículo 20.

Pero Dios sabía que no había forma de que los israelitas entraran a la tierra prometida a menos de que verdaderamente confiaran y creyeran en Su poder. Y ellos aún no estaban escogiendo hacer esto.

¿Qué les tuvo que decir Dios a través de Moisés? Versículos 29–35. Todos los de 20 años para arriba, cuando fueron contados en el Sinaí, morirían en el desierto, con excepción de Caleb y Josué. Esos dos espías fieles entrarían en Canaán, pero esto no sucedería sino hasta que pasaran 38 largos años. Deuteronomio 2:14.

Durante esos muchos años de vagar de lugar en lugar por el desierto, aquellos niños que tenían menos de 20 años cuando estaban en el Sinaí, crecieron. Y por fin, después de casi 40 años, era casi el tiempo de entrar a la tierra que Dios les había pormetido tiempo atrás.

Habían regresado a Cades, que quedaba cerca de Canaán; y desde su campamento podían ver las hermosas colinas de la tierra que Dios quería darles. ¿Serían ellos diferentes a sus padres rebeldes? Moisés y Aarón pronto se darían cuenta.


Desde aquella vez cuando los isarelitas se quedaron sin agua, y Moisés golpeó la roca en Horeb, siempre habían tenido toda el agua que necesitaban, aún cuando vivían en el desierto.
Quizá esperaban que siempre iba a ser así. Quizá se olvidaron que cada vez que eso pasaba era un milagro; y quizá olvidaron agradecer a Dios por Su constante cuidado.

Pero ahora estaban acampados en Cades, y no había agua para ellos. ¿Se acordaron de orar? No. ¿Qué hicieron? Números 20:1–5.


Lo que ellos hicieron, ¿les recuerda algo que habían hecho antes? ¿Querrían decir sus quejas, esta vez, que, tal como sus padres, tendrían que vagar en el desierto por otro largo tiempo hasta que murieran allí? Cuando Moisés y Aarón hablaron con Dios, ¿qué les dijo que hicieran? Versículos 6–8.

¿Cuál era la diferencia entre lo que Moisés debía hacer esta vez, y lo que hizo la primera vez cuando salió agua de la roca?
¿Hizo Moisés exactamente lo que Dios le dijo que hiciera? Versículos 9–12. Moisés se comportó en forma impaciente y enojada, y desobedeció a Dios.

Cuando golpeó la roca dos veces, arruinó el hermoso significado de la roca. Así como todo en el santuario representaba a Jesús, también la roca. Cuando Moisés golpeó la roca la primera vez, muchos años antes, el agua salió a raudales.


Esto representaba a Jesús, quien sería "herido" una sola vez. En otras palabras, moriría sólo una vez. Y al morir por nosotros, ahora podía otorgarnos el perdón y la ayuda que íbamos a necesitar para permanecer libres de Satanás. No necesitaría morir otra vez.

Todo lo que tenemos que hacer es pedírselo-"hablar" con Él- para que nos de el agua de vida. Cuando estudiamos la Biblia y aprendemos de Él, es como tomar Su agua. Lee lo que Pablo dijo de Jesús en 1Corintios 10:4.

¿Excusó Dios la desobediencia de Moisés por ser líder? Cuando un líder desobedece, es siempre algo muy serio, pues entonces la gente puede pensar que desobedecer no es tan importante.

¿Dio excusas Moisés? Ninguna. Él le dijo a todos que había pecado, y que no se le permitiría entrar con ellos a Canaán. Dios no lo había excusado por ser líder. Ningún pecado es "pequeño". Moisés estuvo terriblemente chasqueado. Pero el pueblo pudo ver que Dios es justo.
A medida que Dios dirigía al pueblo hacia Canaán, las quejas surgieron otra vez, en poco tiempo. Dios sabía que habían olvidado cuánto Él les estaba ayudando. A parte de proveer alimento y agua, también los había protegido a ellos y a sus animales de las serpientes venenosas. Se las llamaban serpientes ardientes, y vivían en el desierto por donde viajaban los isarelitas.

Ahora, para ayudarles a apreciar las bendiciones, Dios dejó de protegerlos de las serpientes. Muy pronto habían personas muriendo a causa de las mordeduras de las serpientes venenosas. Ahora se daban cuenta de que las cosas por las que se habían estado quejando, ya no eran importantes. Todos estaban horrorizados por las serpientes.

La gente corrió a Moisés, y le pidió que orara por ellos. ¿Qué le dijo Dios a Moisés que hiciera? Números 21:7–9.

Qué remedio tan extraño! ¿Cómo podría una serpiente artificial de bronce sanar a alguien que estaba muriendo? Es más, algunos pensaron que eso no tenía sentido; no quisieron mirar a la serpiente y murieron.

Pero todos los que creyeron en lo que Dios había dicho; obedecieron y miraron a la serpiente y fueron sanados.

¿Era la serpiente de bronze la que sanaba a la gente? Claro que no. Pero al mirarla, la gente demostraba que confiaban en que Dios era el que los sanaba y que por ellos mismos no podían ser salvos.

La serpiente de bronze representaba a Jesús, nuestro Salvador. Juan 3:14–16. Al igual que los sacrificios diarios, la serpiente de bronze era para ayudar a que los israelitas recordaran que ellos no podían salvarse por sí mismos. Tenían que confiar en que Jesús era quien habría de salvarlos de Satanás.

Y, al igual que esos israelitas fueron mordidos por las serpientes venenosas, así también cada persona que ha vivdo, ha pecado. Todos hemos sido "mordidos" por Satanás, a quien se le llama la serpiente. Apocalipsis 12:9; 20:2. Todos moriremos a menos que miremos a Jesús.

Mirando la serpiente que Moisés levantó en un asta para los isarelitas era como mirar lo que Jesús haría por ellos cuando fuera levantado en la cruz. Los israelitas obtendrían salvación únicamente si confiaban en Jesús. Al igual nosotros, sólo somos salvos si confiamos en Jesús.

Es gracias a Jesús que podemos sentir dolor por nuestros pecados y recibir perdón. Y es únicamente por Él que podemos tener corazones limpios que quieran obedecerle.

Los israelitas estaban felices de que pronto cruzarían el Río Jordán y entrarían a la hermosa tierra que Dios les había prometido. Pero Moisés no iría con ellos. Luego de recordarles, otra vez, que obedecieran y confiaran en Dios, subió al monte y murió. Deuteronomio 32:48–50.

Ahora Josué era su líder. Aunque era valiente y muy sabio, y fielmente había trabajado con Moisés por muchos años, sentía temor de tener que dirigir al pueblo sin él. Dios sabía cómo él se sentía, ¿qué le dijo para animarlo? Josué 1:5–9.
Después de cruzar el Río Jordán, Jericó sería la primera ciudad que debían tomar; y tenía muros altos y muy fuertes. Pero Josué creyó en las promesas de Dios de que iría con ellos y les daría la victoria. Ésto lo llenó de valor.

Josué mandó dos espías para ver cuán grande y cuán fortificada estaba la ciudad, y para ver cómo era la gente. Se quedaron en la ciudad, en casa de Rahab, pero de alguna forma, el Rey se dio cuenta y mandó hombres para que los capturaran. Josué 2:3.

¿Qué le dijo Rahab a los siervos del Rey? ¿En dónde se habían escondido los dos espías? ¿Qué hicieron los siervos del Rey? Versículos 4–7.

Rahab no sabía acerca de los Diez Mandamientos, y que uno de ellos dice que no debemos mentir. No conocía casi nada acerca del Dios verdadero, excepto que era muy poderoso. Es más, todos los habitantes de Jericó sabían del poder de Dios. Y Rahab le dijo a los espías cuánto temor tenían de los israelitas. Versículo 11.

Rahab estaba tan segura de que Dios ayudaría a Israel a tomar la ciudad, que le pidió a los espías que la protegieran a ella y a su familia cuando vinieran a pelear. Ellos prometieron que lo harían. Y como su casa estaba sobre el muro de la ciudad, los bajó con una soga para que salieran y escaparan. Versículos 12–16.

Los dos espías se apresuraron a escapar de Jericó para esconderse en las colinas. Al regresar a Josué, ¿qué reporte le trajeron? Josué 2:24.

Había llegado el tiempo de entrar a Canaán, y en tres días todos estuvieron listos. Era la temporada de primavera y el Río Jordán estaba desbordado. ¿Partiría Dios las aguas como lo había hecho en el Mar Rojo?

Los sacerdotes que llevaban el arca se encaminaron hacia el río y entraron al agua. En ese momento, hubo un milagro. El agua que corría desde lo alto del rio se detuvo, levantándose a un lado en forma de muralla alta. Las aguas del otro lado corrían su curso normal, dejando el lecho del río descubierto y seco. Josué 3:14–17.

Los sacerdotes se detuvieron dentro del río, hasta que el arca y todas las personas pasaron con seguridad al otro lado del Río Jordán. Luego, ¿qué pasó? Josué 4:15–18.

Cuando los que vivían en Jericó y en los alrededores escucharon lo que había sucedido a los israelitas mientras cruzaban el Jordán, se quedaron aterrorizados. Y la forma tan extraña en que Dios le dijo a Josué que tomarían la ciudad de Jericó, les daría aún más razón para temer. Josué 6:1–4.

¿Te has de imaginar cómo se sentían los habitantes de Jericó al ver, por seis días, a los ejércitos israelitas y a los sacerdotes con el arca, marchar alrededor de la ciudad? A parte del ruido de la marcha, el único otro sonido que se escuchaba era el sonido de las trompetas. Todo lo que estaba pasando, los llenaba de temor. Versículos 8–10.

Llegó el séptimo día. Quizá la gente en la ciudad estaba contando cuando los ejércitos israelitas comenzaron a marchar alrededor de la ciudad varias veces. Al terminar la séptima vuelta, al mandato de Josué, hubo un tremendo grito. Inmediatamente todos los muros de la ciudad se derrumbaron, menos la parte del muro donde estaba la casa de Rahab. Los dos espías rescataron a Rahab y a su familia, y luego quemaron la ciudad.

Recordando lo que mi Biblia dice…


  • ¡Cuántas veces, nuestro amado Dios, le había mostrado a los israeliatas que no había nada imposibe para Él, si tan sólo confiaban en Él! ¿Podemos confiar en Dios, aun si no sabemos exactamente cómo cumplirá sus promesas?

  • ¿Pueden nuestras palabras hacer una gran diferencia? Pueden provocar a que otros se quejen, o pueden ayudar a que otros confíen en Dios. ¿Qué puedes tú decir hoy que ayude a tus amigos y familiares a confiar en Dios?

  • ¿Es fácil para ti impacientarte y enojarte cuando no obtienes lo que quieres inmediatamente? En vez de esto, ¿qué deberías hacer?

  • A veces olvidamos que nuestras bendiciones provienen de Dios. Debemos siempre estar agradecidos por las muchas bendiciones que Dios nos da. Salmo 136:1–3. ¿Fue la serpiente de bronze la que curó a los israelitas? ¿Qué representaba? Juan 3:14–16.

  • Rahab escogió confiar en Dios en vez de los ídolos. Hebreos 11:31. ¿Te da gozo saber que Dios conoce tan bien a cada persona? Y Dios estaba feliz de que Rahab confiara en Él. Él salvará a cualquiera que ponga su confianza en Él. Juan 6:37

  • Hoy en día, no tenemos enemigos que viven en grandes ciudades amuralladas. Pero si tenemos otra clase de enemigos. Por ejemplo, cuando sentimos temor por ser diferentes a otros niños, o cuando a veces sentimos temor de decir la verdad. Jesus puede ayudarnos a ser fuertes y de buen ánimo, y a no tener miedo de escoger hacer lo que es correcto cuando somos tentados a hacer el mal. Efesios 6:10–18.
 
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