Mi Biblia Primero - Lección 11


 LECCIÓN 11

Una Voz de Severa Reprensión

Basado en 1 Reyes 17–19; 2 Reyes 2

Dios nunca planeó que Su pueblo tuviera un rey, excepto Dios mismo. Él quería que confiaran en Él, no en un rey ni en un ejército, ni en un ídolo sin ningún valor. Pero ellos, aun así, querían un rey que los gobernara. Y con el paso de los años, ya casi nadie amaba ni obedecía a Dios.

Acab fue uno de los reyes más malvados de Israel. 1 Reyes 16:30. Se casó con Jezabel, una mujer que odiaba a Dios y adoraba al ídolo Baal.

Aunque quedaban muy pocos del pueblo de Dios que continuaban siendo fieles a Él, aún quería salvarlos. Y Él sabía exactamente, a quién buscar para que lo ayudara. Su nombre era Elías, uno de los fieles profetas de Dios. Elías le ayudaría a la gente a comprender cuán importante era que ellos adoraran al verdadero Dios, en vez de a los ídolos.

Un día, Dios le dio un mensaje a Elías para el rey Acab. Elías sabía que el mensaje haría que el rey Acab y su malvada esposa se enfurecieran. Pero Elías escogió confiar en Dios; no tuvo temor.

Cuando Elías llegó al palacio del rey, valientemente pasó por en medio de los guardas y entró a donde estaba el rey. Sin disculparse, le dio a Acab el mensaje. No habría más lluvia ni rocío, sino por su palabra. 1 Reyes 17:1.

Tan pronto como le dio el mensaje al rey, se dio vuelta, salió del palacio, pasó entre los guardas y se fue. Al salir del palacio, Dios le dijo a dónde debía ir. Versículos 3–5.

Dios había pensado en todo. Elías estaría en un lugar seguro, y tendría alimento y agua todos los días. Tal como Dios lo había prometido, los cuervos traían comida todos los días. Pero finalmente, ¿qué pasó con el arroyo? Versículo 7.

Elías no estaba preocupado; sabía que Dios cuidaría de él. Y así lo hizo. ¿A dónde le dijo Dios que fuera, después? Versículos 8, 9.

Al llegar al pueblo, vio a la viuda recogiendo leña y cortesmente le pidió agua para tomar y un pedazo de pan. Cuando ella le dijo que sólo tenía suficiente para una pequeña comida, ¿qué le dijo él? Versículos 13, 14.

Tal como lo había prometido Elías, Dios proveyó alimento para él, para la viuda y para su hijo. Cada día tenían lo suficiente para comer.


Un día, mientras Elías aún estaba en la casa de la viuda, algo muy triste sucedió. El hijo de la viuda se puso muy enfermo y murió. Elías oró para que Dios resucitara al niño. ¿Contestó Dios la oración de Elías? 1 Reyes 17:22–24.

Cuando Elías primero dijo que no habría más lluvia, nadie le creyó. Los sacerdotes de Baal le dijeron a la gente que no se preocupara. Les dijeron que Baal era el que estaba a cargo de la lluvia, y que la gente no tenía que temer al Dios de Elías.

Pero al tercer año, todos estaban preocupados; y los malvados sacerdotes estaban desesperados. Oraron en voz más alta, y le ofrecieron más y más sacrificios a Baal. Pero aun así, la gente no escogió adorar a Dios.

La sequía era terrible. La hierba desapareció, los árboles estaban sin hojas y la comida estaba cada vez más escaza. La gente y los animales estaban muriendo de hambre.

La reina Jezabel estaba furiosa. Odiaba tanto a Dios que había matado a todos los profetas que pudo encontrar.

Ahora Acab, y su malvada esposa, ansiaban encontrar al profeta Elías para matarlo, también. Pensaban que él había causado esta terrible sequía. Nadie parecía darse cuenta de que lo que estaba pasando era culpa de ellos mismos.

Finalmente un día, Dios le dijo a Elías que había llegado el tiempo para la otra parte de Su plan. 1 Reyes 18:1, 2.

Elías se fue de la casa de la viuda y empezó el viaje por el polvoriento camino que llevaba a Samaria. ¿Qué sucedería cuando se encontrara con el rey?


Mientras Elías caminaba hacia Samaria, Abdías, el siervo del rey Acab, también iba por el mismo camino hacia donde estaba Elías, pero sin saber que Elías venía. Él estaba tratando de buscar agua para los animales del rey.

Abdías amaba a Dios. Había salvado de la muerte a cien de los profetas de Dios cuando la malvada reina Jezabel los buscaba. 1 Reyes 18:13.

Imagínate cuán asombrado estaba Abdías al encontrarse con Elías. Acab y Jezabel habían enviado gente a todos los países buscando a Elías. Pero Dios lo había mantenido seguro. Ahora le dijo a Abdías que le dijera al rey Acab que lo encontrara en ese lugar.

Cuando Abdías le dijo al rey Acab que Elías quería encontrarse con él, fue Acab el que se sorprendió entonces. Y de pronto se llenó de temor. Para cuando él y sus guardaespaldas llegaron a donde estaba Elías, no sabía ni qué decir. Así que lo único que hizo fue culpar a Elías por la sequía.

Pero Elías le contestó como si él fuera el rey. Y cuando le dijo a Acab lo que tenía que hacer, el rey no se atrevió a desobedecer. Versículos 18–20.

Rápidamente Acab envió mensajes para que todos vinieran al Monte Carmelo. Todos llegaron a tiempo pues no querían perderse nada.

En el monte habían altares que usaban para el culto a Baal. También habían otros altares que habían usado para sacrificios al Dios del cielo antes de que la gente comenzara a adorar los ídolos. Pero ahora esos altares estaban derribados pues no se habían usado por mucho, mucho tiempo.

Todos estaban en silencio mientras Elías les hablaba con una voz fuerte y clara. ¿Qué les dijo? Versículo 21.

Elías era el único que estaba del lado de Dios. Y ahora era la oportunidad para que la gente escogiera.

Cuando Elías le dijo a la gente cuáles eran las reglas, todos estuvieron de acuerdo con que eran justas. Todos debían escoger a quién iban a adorar- los ídolos, o al verdadero Dios del cielo. Versículos 22–24.


La contienda entre Dios y Baal comenzó temprano en la mañana sobre el Monte Carmelo. Al menos 450 de los profetas y sacredotes de Baal estaban allí. Elías les dijo que ofrecieran su sacrificio primero, y así lo hicieron. Elías observó cuidadosamente, no fuera que esos malvados sacerdotes hicieran algún truco para prender el fuego del sacrificio. 1 Reyes 18:25, 26.

Transcurrió hora tras hora, y los sacerdotes se volvían cada vez más frenéticos. Al llegar el mediodía, Elías comenzó a burlarse pero también continuó observando cuidadosamente. Versículo 27.

Finalmente se dieron cuenta que no había caso en seguir tratando. Baal no podía encender el fuego. Estaban tan decepcionados y enojados, que se rindieron.

Ahora le tocaba a Elías. ¿Qué fue lo primero que hizo después de invitar a la gente a acercarse? Versículo 30.

Elías arregló todo para su sacrificio. Después hizo algo especial. ¿Qué fue? Versículos 33–35.

Tres veces seguidas, Elías hizo que los hombres derramaran cuatro grandes cántaros llenos de agua sobre el altar. Esto empapó la leña y llenó la zanja alrededor del altar. Ahora todos sabían que Elías no podría encender el fuego de su sacrificio. La leña estaba demasiado mojada.

Cuando todo estuvo listo, Elías se arrodilló junto al altar y, humildemente, habló con Dios. ¡Qué contraste con lo que habían hecho los sacerdotes paganos todo el día! Versículos 36, 37.

Al terminar Elías su oración, ¿qué sucedió? Versículo 38.

Dios había contestado la oración de Elías. El fuego consumió el sacrificio, la leña, las piedras, el polvo, y hasta el agua de la zanja.

La gente estaba horrorizada. Cayendo al piso, cubrían sus rostros, temiendo que el fuego los destruyera a ellos, también. Y sabían que lo merecían. ¿Qué dijeron todos? Versículo 39.


Después del encuentro en el Monte Carmelo, la gente había reconocido que “Jehová, es Dios.” Pero los malvados sacerdotes, no se arrepintieron. Elías sabía que no debía dejar que ellos tentaran al pueblo para que regresaran a adorar a Baal, entonces, ¿qué orden dio, inmediatamente? 1 Reyes 18:40.

Por fin, ahora, podía llover. Aunque no había ni siquiera una nube en el cielo, y era un día caluroso y seco, Elías sabía que Dios enviaría lluvia. Le dijo al rey Acab que fuera a comer una buena comida, pues pronto habría mucha lluvia. Mientras Acab comía, ¿qué hacía Elías? Versículo 42.

Después de un rato, le preguntó a su siervo si veía nubes en el cielo. No había ni siquiera una.

¿Se rindió Elías? No. Continuó orando. Cuando el siervo miró hacia el cielo la séptima vez, vio una pequeña nube blanca sobre el mar. Fue entonces cuando Elías supo que Dios estaba contestando sus oraciones. Versículos 43, 44.

Pronto comenzó a llover. ¡Qué tormenta! Acab iba de regreso a Jezreel, pero no podía ver el camino en la oscuridad. ¿Cómo lo ayudó Elías? Versículos 45, 46.

El carruaje de Acab entró por las puertas de Jezreel hasta el palacio, pero Elías decidió quedarse afuera, cerca del muro de la ciudad. Se cubrió con su manto, se acostó en el suelo, y pronto estuvo profundamente dormido.

Pero, no pudo dormir por mucho rato. Un mensajero vino a decirle que la reina estaba planenado matarlo. Esto lo llenó de temor, y huyó por su vida. 1 Reyes 19:1–10.

Después de la forma en que Dios le había demostrado que cuidaría de Elías, ya después de lo que sucedió sobre el Monte Carmelo, ¿no te parece extraño que saliera huyendo? ¿Acaso no era Dios, esa noche, igual de poderoso a como había sido en el Monte Carmelo, el día anterior? Sí.

¿Amaba Dios, todavía a Elías? Claro que sí, y aún lo cuidaría.


Aunque Elías había huído, todavía amaba a Dios y le era fiel. Ahora Dios le había dicho que ungiera a otra persona para que tomara su lugar como profeta algun día. Esa persona fue Eliseo.

Elías no se sintió herido ni celoso. En cambio, fue en busca de Eliseo. ¿Qué estaba haciendo Eliseo cuando Elías lo encontró? 1 Reyes 19:19. Cuando Elías caminó al lado de Eliseo, puso su manto sobre los hombros de Eliseo. Eliseo supo lo que esto significaba. Él sería el próximo profeta.

Inmediatamente, Eliseo salió tras de Elías. ¿Qué dijo? Versículo 20.

Elías quería que Eliseo supiera que debía escoger entre quedar en casa u obedecer el llamado de Dios para trabajar por Él el resto de su vida. ¿Le tomó mucho tiempo a Eliseo, decidir? ¿Qué hizo? Versículo 21.

Eliseo era más jóven que Elías, y era un buen ayudante. Trabajaron juntos por varios años, visitando las escuelas de los profetas. Samuel había comenzado estas escuelas mucho tiempo antes, pero habían sido cerradas. Elías las abrió nuevamente, y otra vez, los estudiantes pudieron estudiar las Escrituras y aprender acerca de nuestro maravilloso Dios.

Durante su última visita juntos, a tres de estas escuelas, Eliseo no quizo dejar a Elías sólo en ninguna de las tres ocasiones. Luego fueron al Río Jordán. ¿Qué pasó allí? 2 Reyes 2:7, 8.

Después de que Eliseo y Elías cruzaron el Jordán, conversaban mientras caminaban por el camino. De repente, un carro de fuego apareció y tomó a Elías y lo llevó al cielo. Versículos 11, 12.

Eliseo se preguntaba cómo podría él tomar el lugar de Elías. Pero Dios estuvo con él, tal como lo había prometido.

Por muchos años, Dios usó al profeta Eliseo para ayudar a Su pueblo. Pero, después de su muerte, la gente comenzó a adorar ídolos, nuevamente.

Después de Eliseo, Dios envió a muchos profetas para que le enseñaran a la gente acerca de nuestro maravilloso Dios y de cómo confiar en Él, amarlo y obedecerle. También le advirtieron a la gente de que si rehusaban confiar en Él y obedecerle, no podría protegerlos de sus enemigos. Pero la mayoría de las personas ni quisieron escuchar.

¡De cuántas formas trató Dios de ayudar a Su pueblo! ¿Insistirían siempre en seguir su voluntad y desobedecer? ¡Oh, cuánto los amaba y quería ayudarles a que confiaran en Él, y le obedecieran! Sólo así serían verdaderamente felices.