Mi Biblia Primero - Lección 15


 LECCIÓN 15

Jesús, Nuestro Ejemplo

Basado en Mateo 3; 4:1–11; Marcos 1:1–13; Lucas 1:5–25; 3:1–22; 4:1–13; Juan 1:19–34; 2:1–12

Seis meses antes de que Jesús naciera, otro bebé muy especial nació en otra parte del país. El nombre de ese bebé fue Juan. Su madre era Elizabet, y su padre era un sacerdote llamado Zacarías. Elizabeth era pariente de María, pero era mucho mayor que ella.

Un día, mientras Zacarías servía en el templo, un ángel, repentinamente, llegó y le habló. “Tú y Elizabet van a tener un bebé, y su nombre será Juan,” les dijo. “Cuando crezca, hará una obra especial para Dios. Ayudará a preparar a la gente para recibir al Mesías.” Lucas 1:11–17.

Zacarías estaba muy emocionado. Ellos no habían podido tener niños, y ya estaban avanzados en edad. Pero, tal como el ángel lo había dicho, Juan nació. Quizá Zacarías estaba cargando al bebé en sus brazos mientras pronunciaba las hermosas palabras que encontramos en los versículos 76, 77.

Juan y Jesús eran parientes, pero ambas familias vivían muy lejos una de la otra. Juan creció en un desierto solitario Versículo 80; y Jesús creció en la malvada Nazaret.

Juan se convirtió en un gran predicador en el desierto, cerca del Río Jordán; y porque bautizaba a muchos, se le llamó Juan el Bautista. Les decía a las personas que dejaran de hacer lo malo y que escogieran el bien, porque el Mesías llegaría pronto. Mateo 3:1–6.

Cuando la gente de Nazaret regresaba, después de escuchar a Juan predicar, Jesús escuchaba lo que decían acerca de Juan y su predicación. Él sabía que Juan les estaba hablando acerca de Él. Y Él sabía que había llegado el tiempo de decirle adiós a su querida madre, dejar Nazaret, y comenzar también a predicar. Habían pasado ya 30 años desde que Jesús había nacido como un indefenso ser humano en aquel establo en Belén. Lucas 3:23.


Jesús dejó su hogar en Nazaret y fue al Río Jordán. Allí escuchó la predicación de Juan, y vio cómo bautizaba. Cuando nos bautizamos, estamos diciendo que escogemos amar, confiar y obedecer a Dios mientras vivamos. Jesús es nuestro ejemplo humano, y queremos imitarlo, en vez de hacer nuestra voluntad. Cuando nos sumergen en el agua, demostramos que queremos que nuestro viejo “yo” muera y sea enterrado. Al salir del agua, demostramos que queremos ser levantados a una nueva vida, la misma vida de Jesús. Con Su ayuda, queremos ser amables, amorosos y obedientes, como Él era.

En el momento cuando Juan vio a Jesús, sabía quién era. Pero, ¿por qué quería Jesús ser bautizado?, se preguntaba. Él sabía que Jesús nunca había pecado. Es más, Juan pensaba que Jesús era el que debía bautizarlo a Él. Mateo 3:13–15.

Aunque Jesús nunca había pecado, quería dar un buen ejemplo para que otros siguieran. Sabía que cada ser humano debe escoger si obedece a Dios o a Satanás. Al ser bautizado, Jesús demostraba que había escogido siempre obedecer a su Padre celestial. Él demostró que siempre confiaría en el poder de Su Padre para ayudarlo, al igual que nosotros debemos confiar en Su poder para ayudarnos.

Cuando Jesús salió del agua, se detuvo y oró en la orilla del río. Mientras oraba, el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma de paloma. También se escuchó la voz de Dios desde el cielo. Juan vio la brillante paloma, y estaba emocionado. Dios había prometido mostrarle esa señal. Jesús también estaba emocionado. Cuán maravilloso era escuchar a Su Padre hablarle en voz audible. Le escuchó decir que Jesús era Su hijo y que estaba complacido con Él. Lucas 3:21, 22; Juan 1:32–34.


Satanás había observado cuidadosamente a Jesús desde Su nacimiento. Los otros seres humanos le habían obedecido aunque sea una vez. Pero, aunque Satanás había tratado, de toda forma posible, Jesús no le había obdedecdo ni una sola vez.

Satanás sabía que si Jesús no pecaba, no merecía morir para ser el verdadero y perfecto “Cordero de Dios” que la gente recordaba al ver los sacrificios de los corderitos. Moriría en lugar del pecador. Y todos los que confiaran en Él, podrían, también, tener Su poder para obedecerle. Así pertenecerían al reino de Dios, en vez de pertenecer a Satanás.Y, siendo que Jesús resucitaría de los muertos, podría, entonces, resucitarlos a ellos de los muertos, también. Al final, vivirían con Él para siempre. ¡Es por eso que Satanás quería que Jesús pecara! Y después de Su bautismo, fue a un lugar donde Satanás trató, con todo su poder, de hacerlo pecar. Lucas 4:1

Mientras Jesús se encontraba sólo en el desierto, meditaba y oraba acerca de la misión que había venido a realizar a este mundo. Le agradeció a Su Padre por haberle hablado en forma audible y por decir esas hermosa palabras cuando fue bautizado. Día tras día oraba y ayunaba. No había comida en el desierto; sólo animales salvajes.

Mientras Jesús pensaba en llevar los pecados de todas las personas como si los hubiera hecho Él mismo; y al pensar en que moriría para tomar el lugar de ellos, Satanás trato de desanimarlo. Trato de que abandonara su propósito de salvarnos, pero Jesús continuó orando y confiando en Su Padre celestial.


Día tras día, y semana tras semana, pasaron. Finalmente, habían pasado casi seis semanas desde la última vez que Jesús había comido, y estaba cada vez más debilitado y flaco. Pero continuaba orando y confiando en Su Padre que estaba en el cielo.

De repente Satanás se le apareció a Jesús. Te aseguro que su aspecto no era como se ve en las fotos que vemos de él. Él aún es un poderoso ángel, aunque decidió convertirse en un terrible enemigo de Dios. Cuando habló con Jesús ese día en el desierto, pretendió ser un fiel ángel del cielo. ¿Qué le dijo a Jesús que debía hacer? Mateo 4:3.

¿Cómo supo Jesús, enseguida, que el ángel que le hablaba no venía del cielo? ¿Cuales fueron las primeras palabras que dijo Satanás? Fueron, “Si eres el Hijo de Dios.” Pero Jesús sabía que Él sí era el Hijo de Dios. Su Padre lo había dicho cuando habló desde el cielo en ocasión de Su bautismo. No había ninguna duda acerca de eso. ¿Cómo le respondió Jesús a Satanás? Mateo 3:17; 4:4.

Adán y Eva estaban en el hermoso Jardín del Edén, y ni siquiera tenían hambre cuando Satanás los tentó. Sin embargo, desobedecieron comiendo lo que Dios había dicho que no comieran. Jesús se encontraba en un desierto árido y seco cuando fue tentado; pero Él había escogido confiar y obedecer a Dios aun si moría de hambre. No iba a obedecer a Satanás.

¿Se dio por vencido Satanás? No. Y la próxima vez, le citó las Escrituras, también. ¿Qué hizo y qué le dijo? Mateo 4:5, 6.

Jesús rehusó probarle a Satanás que Él sí era el Hijo de Dios. Él sabía que era malo hacer cosas necias sólo para demostrar que Dios te va a proteger. ¿Cómo le respondió Jesús a Satanás? Versículo 7.

Satanás estaba desesperado. Pero él sabía que Jesús estaba cada vez más y más débil, así que intentó, una vez más. ¿Qué hizo esta vez, y qué le dijo Jesús? Versículos 8–10.

Satanás tuvo que obedecer cuando Jesús le dijo que se fuera. Jesús ya había comprobado que, no importa que tipo de tentación Satanás usara, Él no lo iba a obedecer. ¿Te imaginas cuán emocionados estarían los ángeles buenos cuando, finalmente, pudieron ayudar a Jesús? Versículo 11.


Satanás sabía que, aunque Jesús era ahora un ser humano, también era el Hijo de Dios. Sabía que Jesús tenía el mismo poder que siempre había tenido, pero sólo lo usaba para ayudar a otros.. Nunca lo usó para ayudarse a sí mismo. Pero después de que Jesús había pasado casi seis semanas sin comida, Satanás estaba seguro de que lograría que usara Su poder para ayudarse a sí mismo. Cuando rehusó hacer eso, Satanás se puso más desesperado que nunca. Sabía que , al final, él y sus ángeles malvados serían todos destruidos a menos que pudiera lograr que Jesús lo obedeciera al menos una vez.

Tenía que hacer todo lo que se pudiera imaginar para continuar tentando a Jesús. Y haría todo lo posible para lograr que la gente no creyera en Él.

Después de abandonar el desierto, Jesús regresó a donde Juan el Bautista estaba aún predicando y bautizando. Un día, cuando uno de lo sacerdotes y levitas visitaron a Juan, ¿qué paso? Juan 1:19–23.

El día después de que los sacerdotes hablaron con Juan, él vio a Jesús en la multitud. Y cuando Juan lo llamó el “Cordero de Dios” y el “Hijo de Dios”, la gente se volteó para mirar a Jesús. No tenía la apariencia que ellos esperaban que tendría el Mesías. Sin embargo, había con Él, un aire de realeza. Se preguntaban que querría decir Juan cuando lo llamó el “Cordero de Dios”. ¿Y, por qué, le llamó también, el “Hijo de Dios”? Versículos 29, 34.

El próximo día, dos de los discípulos de Juan decidieron averiguar más acerca de Jesús. Y antes de que terminara el próximo día, cinco hombres se habían convencido de que Jesús debía de ser el Mesías, quien Juan había prometido que vendría. Versículos 35–49.

A las personas que aceptaban a Jesús como el Mesías, se les llamaron sus discípulos. Y en corto tiempo, hubo doce hombres que fueron sus discípulos especiales. Andaban con Él, la mayor parte del tiempo.


Jesús y sus discípulos especiales, fueron invitados a una boda en un pueblo cerca de su hogar en Nazaret. María, la madre de Jesús, estaba allí también. ¡Cuán felices estaban Jesús y su madre de volverse a encontrar!

Muchos de los que estaban en la boda ya habían escuchado acerca de lo que había sucedido en el Río Jordán cuando Jesús fue bautizado. Probablemente ahora lo miraban, mientras calladamente hablaban de Él. Pero antes de que la fiesta terminara, algo sucedió que los avergonzó, y María, en silencio, se lo comunicó a Jesús. Juan 2:1–4.

La forma en que le contestó Jesús a su madre, puede que parezca extraña; pero en esos días, esa forma de contestar era respetuosa. Jesús también quizo decir que aún no era tiempo para Él decirle a las personas que era el Mesías. Aunque la gente podía ver algo muy especial en Él, Él sabía que ellos no estaban pensando en que el Mesías tuviera la apariencia de un hombre común. Además, muchos de los invitados, probablemente conocían a Jesús desde que era un niño. Lo veían como el hijo de José y María.

María no estaba chasqueada por la respuesta de Jesús, cuando le dijo que se había acabado el jugo de uva. El siempre había sido su hijo querido, obediente y ayudador, y ella confiaba en Él. Después de que ella le dijo a los sirvientes qué hacer, ¿qué pasó? Vesículos 5–10.

Piensa en esto. Primero, los siervos deben haber pensado por qué Jesús les dijo que llenaran esas enormes jarras de agua. Después, ¡cuán asombrados estarían cuando sirvieron de las jarras y lo que salió fue jugo de uva!

¡Imagínate la expresión en la cara del hombre que estaba encargado de la fiesta, cuando probó el delicioso jugo! Pronto los invitados también estaban comentando acerca del jugo. Cuando preguntaban, los sirvientes probablemente les dijeron lo que Jesús había hecho para que ahora tuvieran ese jugo tan rico.

Ese fue el primero de muchos milagros que Jesús hizo. Y ayudó a los discípulos a creer, más que nunca, que Jesús era verdaderamente el Mesías prometido. Versículo 11.