Mi Biblia Primero - Lección 17


 LECCIÓN 17

Una Noche Ardua

Basada en Marcos 4:35–41; 5:1–43; 10:46–52; Luke 5:1–11

Varios de los discípulos de Jesús eran pescadores y la mejor hora para pescar era en la noche. Los pescadores remaban sus barcas en las aguas del hermoso mar de Galilea, que en realidad, es un lago muy grande. Arrojaban las redes al agua y cuando estaban llenas, las vaciaban en la barca. Al amanecer, remaban sus barcas de regreso a la orilla.

Una mañana temprano, Jesús fue a la orilla del lago para pasar un tiempo a solas antes de que la multitud viniera a Él. Cuatro de los discípulos estaban en sus barcas en el lago, muy cansados. Habían trabajado duro toda la noche, sin haber podido pescar nada.

Cuando remaron de regreso a la orilla, dejaron sus barcas mientras lavaban las redes de pescar. Las personas ya comenzaban a venir donde Jesús; y pronto habían tantos, que ya no cabían en la playa. A medida que se apiñaban más y más, ¿qué hizo Jesús? Lucas 5:1–3.

Cuando terminó de hablarle a la multitud, le indicó a Simon Pedro que remara la barca hacia la parte profunda del lago, y que arrojara la red nuevamente. Pedro sabía que pescar durante el día no daba resultado, sin embargo, obedeció a Jesús. ¡Qué sorpresa tan grande tuvo! Versículos 4–7.

Mientras que pasaban esa noche en el lago, los discípulos probablemente se sentían desanimados pensando en muchas cosas. Sabían que el rey Herodes había puesto a Juan el Bautista en la prisión para agradar a su perversa esposa. Sabían que los gobernantes judíos odiaban a Jesús y probablemente se preguntaban qué sucedería con Jesús y con ellos.

Indudablemente, Satanás estaría tentándolos a dudar de que Jesús era, en realidad, el Mesías. Pero después de aquel milagro, Pedro se dio cuenta de que estos eran malos pensamientos. ¿Cómo demostró que se sentía arrepentido de sus dudas acerca de Jesús? Versículos 8–10.

¿Qué quería decir “pescar hombres”? Satanás había “pescado” a la mayoría de las personas en este mundo en su red de la desobediencia. Pedro y los otros discípulos les ayudarían a ser libres. Después de ese milagro, ¿se sentían preocupados de tener que pescar para su sustento? Versículo 11.


Una tarde, en el hermoso mar de Galilea, al final de un día muy ocupado, Jesús se sentía muy cansado. ¿Qué le dijo a los discípulos que hicieran? Marcos 4:1, 35, 36.

Jesús estaba tan cansado que se fue a un rincón de la barca, recostó su cabeza sobre una almohada y pronto se quedó dormido. Al anochecer, los discípulos silenciosamente remaban hacia la orilla del otro lado del calmado lago.

Pero de repente se fue la calma. El cielo se llenó de inmensas nubes negras. Sobre ellos se precipitó el penetrante aullido del viento y el estruendo de los truenos rugía. Los rayos relampagueaban. Las enormes olas se arrojaban contra la barca. Versículo 37

Los discípulos estaban acostumbrados a las tormentas en ese lago, pero nunca habían experimentado una como esta. A pesar de una lucha fuerte, la barca se encontraba a punto de hundirse. Todos se ahogarían. ¿Dónde estaba Jesús? Lo necesitaban. Entonces, con el resplandor del relámpago vieron que estaba profundamente dormido.

“¡Maestro!” gritaron los discípulos por encima del bullicioso viento ¿No te importa que perezcamos? Versículo 38.

Jesús abrió Sus ojos. Aunque de inmediato sabía lo que estaba sucediendo, con una calma perfecta al pararse, extendió Su mano. ¿Qué dijo y que sucedió inmediamente? Versículo 39.

Inmediatamente el viento cesó, las aguas se calmaron; las nubes se despejaron; y las estrellas brillaron en el cielo nuevamente. Entonces, Jesús, volviéndose a sus discípulos, ¿qué les dijo? Versículo 40.

Mientras que Jesús confiaba en Su Padre celestial, los discípulos habían estado confiando en sus propias fuerzas. Se olvidaron que Jesús había dicho que irían al otro lado del lago, no al fondo del lago. Jesús sabía que su Padre en el cielo velaba por ellos y los cuidaría.


Los discípulos habían remado la barca hacia donde pensaban sería un lugar calmado, en el otro lado del mar de Galilea.

Cerca de la costa donde desembarcaron había un cementerio. ¿Qué vieron que se apresuraba hacia ellos de entre las tumbas? Lee Marcos 5:1–5.

Con razón todos le tenían temor a ese hombre. Probablemente los discípulos estaban tan aterrorizados de él, como lo habían estado durante la tormenta. Pero Jesús, calladamente, se mantuvo quieto, mirando al hombre que se apresuraba hacia Él. ¿Qué hizo el hombre? Versículo 6.

El pobre hombre anhelaba ayuda. Los ángeles de Satanás lo atormentaban y Jesús inmediatamente les ordenó que lo dejaran en paz. Cuando el hombre trató de hablar, otra voz salió de su boca. Dijo que su nombre era Legión, pero Jesús sabía que estaba hablando con los ángeles malos que habían llenado la mente del hombre. ¿Qué pidieron que Jesús les permitiera hacer, y qué dijo Jesús? Versículos 7–13.

Los hombres que cuidaban los cerdos habían visto todo lo que había sucedido. Puedes imaginarte cuán alterados y temerosos estaban al ver a sus 2,000 cerdos correr por la loma cuesta abajo, sin poder parar antes de caer al lago donde se ahogarían.

Los atemorizados pastores de los cerdos se dieron prisa a avisarle a los dueños. Rápidamente se aglomeraron las personas para ver, por sí mismos, lo que había ocurrido. Mientras tanto, seguramente los discípulos estaban ayudando a vestir al agradecido hombre que Jesús había sanado. Cuando las personas llegaron allí, ¿qué vieron? Versículos 14–16

Aquellas personas deberían haberse sentido felices con el cambio que vieron en ese pobre hombre, pero por el contrario, querían que Jesús se fuera. Solamente pensaban en los 2,000 cerdos que se habían ahogado y no querían tener más pérdidas.

Lo que poseían era de más importancia para ellos, que el pobre hombre que Jesús había sanado. Y, ¡oh, cuánto deseaba el hombre sanado irse con Jesús! Pero Jesús le dijo que se quedara allí y que fuera un misionero en su propia tierra. Versículos 17–20.


Jesús y sus discípulos remaron de regreso al otro lado del lago donde un grupo grande de gente le esperaba. Después de haberles hablado por un tiempo, Él y sus discípulos se fueron a comer a la casa del recaudador de impuestos y estando allí, un hombre llamado Jairo vino y se arrodilló a los pies de Jesús. ¿Qué era lo que quería ? Marcos 5:21–23.

¡Con razón el hombre estaba tan apurado! Jesús comenzó a dirigirse a la casa de él; pero era imposible caminar rápido, porque las personas se apiñaban más y más. De repente, se detuvo, miró alrededor, “¿Quién me tocó?” preguntó. A los discípulos se les hizo extrañá la pregunta. Las personas habían estado apiñándose a su alrededor y muchos le tocaban. Versículos 24, 34

Pero Jesús distinguía la diferencia entre aquellos que se apiñaban contra Él y el simple toque a su vestido de alguien con gran necesidad. Sabía que la persona que había tocado su ropa tenía una fe grande de que Él podría suplir su necesidad. Y porqué Jesús quería ver a esta persona, se detuvo e hizo la pregunta.

La mujer que había tocado a Jesús era tímida, pero cuán agradecida estaba de que le había sanado después de haber estado enferma por doce años. Había gastado todo su dinero en doctores, pero ninguno había podido sanarla. Cuando oyó hablar de Jesús estaba segura de que Él podría ayudarla aun si no lograba hablar con Él. Lee esta hermosa historia en los versículos 25–34.


Mientras que Jesús hablaba con la mujer, un mensajero vino y le dijo a Jairo que su hija había muerto. El corazón de ese pobre padre se sintió destrozado. Si Jesús no se hubiera tardado tanto tiempo en venir. Ahora ya era muy tarde. Pero cuando Jesús secuchó lo que dijo el mensajero, ¿cómo consoló al acongojado padre? ¿Qué le dijo Jesús? Marcos 5:35, 36

En aquellos tiempos cuando alguien moría, la familia acostumbraba contratar los servicios de plañideras para que todos se dieran cuenta de que alguien había muerto. Las plañideras y muchos otros ya estaban en casa de Jairo cuando Jesús llegó. ¿Qué hizo Jesús? Versículos 38–40

Cuando hubo silencio, Jesús condujo a los padres, a Pedro, a Santiago y a Juan al dormitorio donde la pequeña niña se encontraba. Jesús se acercó a ella; con delicadeza tomó su mano y entonces le habló como si sólo estuviera dormida y fuera hora de despertar. Versículos 37, 41

¡Imagínate lo que sucedió! La preciosa niña abrió los ojos y miró el bondadoso rostro de Jesús. Tal vez nunca lo había visto antes; y seguramente sonrió corriendo felizmente a los brazos abiertos de sus padres. Ella estaba bien. Ya no estaba enferma o adolorida. Versículo 42.

Entonces Jesús recordó que la niña debía tener hambre. También sabía que cuán enojados iban a estar los sacerdotes y gobernantes cuando se dieran cuenta de lo que había sucedido. Así que le pidió a los padres que no le dijeran a nadie acerca del maravilloso milagro que les había hecho. Versículo 43.


Un día Jesús salía de la ciudad de Jericó y como siempre, le seguía una multitud a su lado. Un limosnero ciego llamado Bartimeo, se hallaba sentado junto al camino, y aunque Bartimeo no podía ver, podía escuchar las voces de la multitud que pasaba por allí. Marcos 10:46.

“¿Qué está pasando?”, preguntó. “¿Por qué va tanta gente por ahí?”

“Jesús de Nazaret está pasando por aquí”, le respondió alguien.

“¿Jesús?” El ciego se emocionó. “He escuchado que Él hace toda clase de milagros. Quiero que Jesús me ayude. Se que Él podría devolverme la vista”. Entonces Bartimeo comenzó a llamar a Jesús gritando tan fuerte como podía. Cuando la gente trató de hacerle callar, gritó aún más fuerte. Versículos 47, 48.

Jesús escuchó que Brtimeo lo llamaba. Se detuvo, y miró al pobre limosnero. “¡Traedlo a Mí!”, dijo Jesús.

“No te preocupes Bartimeo”, le decía la gente. “Jesús quiere que vayas a Él”.

Bartimeo dio un salto tirando su capa para poder moverse más rápido. Probablemente alguien lo guió hacia Jesús. Entonces escuchó la bondadosa voz de Jesús que le hablaba. “¿Qué quieres que haga por ti?”, le preguntó Jesús; y Bartimeo le dijo que deseaba poder volver a ver. Versículos 50, 51.

Jesús estaba feliz de que el ciego Bartimeo tuviera una confianza y una fe tan grande en Él. ¿Qué le respondió Jesús, y qué hizo Bartimeo tan pronto recuperó su vista? Versículo 52.

Muchas personas seguían a Jesús y le escuchaban, y hasta habían presenciado los maravillosos milagros que Jesús había hecho para ayudar a la personas. Cómo debe haber deseado Jesús que todos escogieran verdaderamente creer en Él y que se convirtieran en Sus fieles seguidores como lo hizo Bartimeo ese día.