Mi Biblia Primero - Lección 19


 LECCIÓN 19

Jesús Demuestra Su Amor por Todos

Basado en Mateo 14:22,23; 18:21–35; Marcos 10:13–31; Lucas 21:1–4;17:11–19; Juan 6:1–14

Jesús amaba a los niños y los niños amaban a Jesús. Nunca estaba demasiado ocupado como para no poder escucharles, ponerlos sobre sus piernas y contarles una historia. ¡De razón que las madres felizmente traían a sus niños para que Jesús los bendijera!

Los discípulos pensaban que los niños eran un molestia. No entendían porqué a Jesús le gustaba pasar tiempo con ellos, especialmente cuando muchos de los adultos lo necesitaban y deseaban escucharlo.

Un día, varias madres se reunieron y trajeron a sus niños donde Jesús estaba hablándole a la multitud. Cuando los discípulos vieron a las madres y a los niños que venían, trataron de alejarlos. Pero Jesús vio lo que los discípulos estaban haciendo y rápidamente les habló, dejándoles saber que esto no le agradaba. ¿Qué fue lo que les dijo? Marcos 10:13–16.

Aquellas madres se sentían muy agradecidas al regresar a casa, y los discípulos aprendieron una lección importante. ¿Piensas que esos niños se habrían olvidado de ese día tan feliz?

Entre la multitud que escuchaba a Jesús y lo observaba bendecir a los niños, se encontraba un joven rico y noble. Desesaba que Jesús lo bendijera como había bendecido a los niños. Cuando Jesús y los discípulos emprendieron camino de nuevo, el joven rico corrió y los alcanzó. ¿Qué se dijeron, el uno al otro? Versículos 17–19.

Jesús le mencionó los mandamientos que nos enseñan cómo amar a otros; el joven rico le contestó que todos estos había cumplido desde su niñez. Pero Jesús sabía que el joven rico en realidad no amaba a Dios con todo su corazón, y por eso no podría amar a otras personas, tampoco. Versículo 20.

Lo siguiente que Jesús dijo, le hizo caer en cuenta al joven rico de algo que Jesús ya sabía. Amaba sus riquezas más que a Dios o a su prójimo. Si verdaderamente deseaba la vida eterna, entonces debería escoger amar a Dios más que cualquier otra cosa. ¿Cúal fue la decisión del joven rico? Versículos 21, 22.

¡Qué tristeza! Pero, ¿somos todos egoístas por naturaleza? Sí, lo somos. ¿Cuáles otras cosas pueden parecer tan importantes para nosotros, como para escogerlas en vez de escoger la vida eterna?


En nuestra historia de ayer, aprendimos acerca del joven rico que deseaba la vida eterna. Pero cuando Jesús le dijo lo que debía hacer, se entristeció, y se fue. Luego Jesús se dirigió a sus discípulos, y dijo algo que los sorprendió mucho. Marcos 10:23–25.

Los discípulos casi no podían creer lo que Jesús les había dicho. Siempre se les había enseñado que ser rico era una muestra de la bendición especial de Dios. No se daban cuenta de lo fácil que era para una persona rica confiar en sus riquezas en vez de confiar en Dios. Jesús sabía que desde que entró el pecado, era natural para los humanos ser egoístas. Sólo Dios puede ayudarnos a no ser egoístas. Versículos 26, 27

Pedro le recordó a Jesús, que él y los otros discípulos lo habían dejado todo para seguirlo. Jesús le respondió que en el cielo tendrían mucho, mucho más de lo que ellos habían sacrificado para ser sus discípulos. Versículos 28–30.

Tiempo más tarde, estando con los discípulos un día en el templo, Él les ayudó a entender, qué era más importante para Dios, que las riquezas. Observaban a la gente traer sus ofrendas al templo. Algunas de las personas ricas que traían sus ofrendas, orgullosamente se aseguraban de que todos vieran la gran suma que daban.

Mientras que Jesús y los discípulos observaban, dirigió su atención hacia una viuda tímida que calladamente esperaba para colocar su ofrenda en el cofre especial. Era muy pobre, y se sentía avergonzada de tener sólo dos pequeñas monedas; pero amaba tanto a Dios que se las quería dar a Él. Finalmente cuando pensó que nadie la miraba, rápidamente dejó caer las monedas en el cofre y se dio vuelta, yendose apresuradamente. ¿Qué dijo Jesús acerca de su ofrenda ? Lucas 21:1–4.

Nadie recuerda las personas ricas que dieron su ofrenda ese día. Pero la historia de la viuda que lo dio todo, ha conmovido a muchos, ayudándoles a escoger ser dadivosos también.


La lepra es una enfermedad terrible, aquellos que la tienen son llamados leprosos. Cuando Jesús vivía aquí en la tierra, los leprosos tenían que estar alejados de las otras personas. No se les permitía ir a las ciudades o a los pueblos por temor a que estuvieran muy cerca de otras personas. Y si casualmente la gente se acercaba a ellos, tenían que gritar, “¡Inmundo, inmundo!” para advertirles que se mantuvieran alejados. No había cura para la lepra. La gente pensaba que los leprosos eran tán pecadores, que Dios no los amaba y no los perdonaría.

La Biblia nos relata una historia de diez leprosos; algunos de ellos eran judíos y otros samaritanos. Aunque los samaritanos y los judíos no se llevaban bien, al no tener esperanza, se juntaban y hacían amistad. Cuando oyeron acerca de Jesús y que curaba aun la lepra, ¿qué decidieron hacer? Lucas 12:11–13.

Jesús se detuvo. Mirando a los leprosos sintió lástima y amor por cada uno de ellos. Sabía que sólo los sacerdotes tenían la autoridad de decidir si un leproso había sido curado o no. También sabía que los leprosos tenían fe de que Él podría sanarlos. ¿Qué les dijo Jesús,? ¿Y qué hicieron los leprosos? Versículo 14.

Todos los diez leprosos fueron curados. Ya no tenían esa terrible enfermedad. ¡Qué maravilloso! Ahora podrían regresar con sus familias y reunirse con otros nuevamente. ¡Cuán emocionados deberían haber estado cuando se apresuraban a presentarse delante de los sacerdotes! Pero uno de ellos regresó donde Jesús. ¿Por qué? Versículos 15, 16.

Jesús debió haberse sentido feliz y triste al mismo tiempo. ¿Qué dijo acerca de los otros nueve leprosos que no regresaron para agradercerle por lo que había hecho por ellos? Versículos 17, 18.

¿Tienes muchas cosas por las cuales dar gracias a Jesús? ¿Podrías mencionar al menos diez? ¿Te acuerdas de agradecerle todos los días? Cuando oras para agradercerle por los alimentos, piensas en lo que estás diciendo, o te apresuras durante la oración sin pensar en realidad en las palabras que dices? ¿Cómo puedes demostrar que estás verdaderamente agradecido por todo lo que Jesús ha hecho y continua haciendo por ti?


Un día Jesús le hablaba a una gran multitud. Muchos de ellos iban camino a la Pascua en Jerusalén. Pero más y más personas se unían a este grupo hasta que habían cinco mil hombres sin contar mujeres y niños. Todos estaban tan interesados en las cosas maravillosas que Jesús compartía, que se les pasaba el tiempo y ni siquiera se acordaban de que no habían comido en todo el día.

Al llegar la tarde, los discípulos comenzaron a preocuparse. Sabían que las personas necesitaban comer. ¿Se pueden imaginar qué sorprendidos habrían estado los discípulos, cuando Jesús les dijo que le dieran algo de comer a la multitud? Marcos 6:35–37.

No sabemos el nombre del bondadoso niño que se ofreció a compartir su almuerzo. Tal vez esperaba que al menos fuera suficiente para Jesús; pero al final fue suficiente para darle de comer a todos y aun quedó mucho de sobra. Juan 6:8–13.

La gente estaba tan asombrada y emocionada por lo que había sucedido, que en ese mismo momento querían coronar a Jesús como Rey. Precisamente lo que los discípulos tambíén deseaban. No se sintieron muy contentos cuando Jesús les dijo que entraran a la barca y se marcharan. Juan 6:14, 15. Marcos 6:45.

Claramente se podía ver que nadie entendía que el reino de Jesús no era como el que ellos querían. Jesús no vino a este mundo para dirigir los ejércitos contra los romanos. Él vino a pelear contra Satanás para libertar a las personas de él. Por medio del poder de Jesús podemos estar listos para vivir en su maravilloso reino para siempre.


Después de haber alimentado a miles de personas con el almuerzo del pequeño niño, Jesús le dijo a los discípulos que se fueran en la barca. También le dijo a los de la multitud que se fueran. ¿Qué hizo después? Mateo 14:22, 23.

Mientras que los discípulos remaban a través del lago, probablemente murmuraban porqué Jesús no había permitido que la gente lo coronara como rey. Pero cuando llegaron a la mitad del lago, algo sucedió que les hizo dejar de murmurar. Versículo 24.

Jesús amaba a sus discípulos. Los había estado observando y podía ver que estaban luchando para que su barca no se hundiera. Sabía cuánto deseaban que Él estuviera con ellos para que los salvara. Entonces, ¿qué hizo? Versículo 25.

Ahora sí que los discípulos se sentían aterrorizados. “¡Es un fantasma!” gritaron. “¿Qué hacemos? ”

Jesús rápidamente los llamó, “Soy Yo. No tengáis miedo.”

Pero Pedro quería cerciorarse, ¿qué le pidió a Jesús que le permitiera hacer? Versículos 26–29.

Cuando Pedro escuchó el aullido del viento y vio las inmensas olas, se llenó de temor y comenzó a hundirse. “¡Señor, sálvame!” gritó.

Jesús extendió Su mano, lo levantó, y juntos entraron en la barca. Entonces, ¿qué sucedió? Versículos 30–32.

Después de que el viento se calmó, la barca se mecía lentamente sobre el agua, mientras que los discípulos se arrodillaban alrededor de Jesús. Sabían que Él era humano, pero era más que humano. Era verdaderamente, el Hijo de Dios, también. Versículo 33.

Jesús aún es humano, y al mismo tiempo es Dios, el gran Creador. Él desea que siempre escojamos confiar plenamente en Él y obedecerle pase lo que pase. Cuando decidimos esto, estamos perfectamente protegidos.


Los discípulos necesitaban aprender muchas cosas de Jesús, al igual que nosotros.

Una de las cosas más difíciles es el aprender a perdonar. Los discípulos habían aprendido que si una persona hacía algo contra ti, no necesitabas perdonarle más de tres veces. Pero ellos habían visto que Jesús rápidamente perdonaba más de tres veces a las personas que habían hecho algo malo.

Una persona que ellos conocían, había cometido el mismo pecado siete veces y Jesús le perdonó. Al final, ella estaba tan agradecida que se convirtió en una de las discípulas más fieles de Jesús y nunca más volvió a cometer ese pecado. Un día, mientras Pedro pensaba en cómo Jesús perdonaba a las personas, le hizo una pregunta. Mateo 18:21.

Tal vez Jesús sonrió al escuchar a Pedro. Sabía que Pedro estaba tratando de ser más como Él. ¿Cómo le respondió Jesús? Versículo 22.

Pedro y los otros discípulos se habrán asombrado ¿Setenta veces siete? Serían 490 veces. Cualquiera perdería la cuenta antes de perdonar a alguien tantas veces. En realidad se daban cuenta de que lo que Jesús les trataba de decir era que nunca deberían dejar de perdonar. Y Dios sólo nos puede perdonar, siempre y cuando estemos dispuestos a perdonar a otros. Mateo 6:14, 15.

Entonces Jesús les dijo una historia para ayudarles a recordar lo importante que es perdonar a otros cuando nos hacen mal. Lee la primera parte de la historia en Mateo 18:23–27.

Al retirarse el siervo del rey, ese día, debe haberse sentido muy feliz y descansado. Nunca hubiera podido pagar todo ese dinero. En dinero Americano equivalía a millones de dólares. Fuera de eso, ¿cómo podría ganar algo si estaba en la carcel? Ahora, lee el resto de la historia. Versículos 28–35.

Nunca debemos olvidar esta historia. ¡Cuán terriblemente triste sería perder nuestro lugar en el cielo, porque no pudimos perdonar a otros como Jesús nos perdona!