Mi Biblia Primero - Lección 20


 LECCIÓN 20

Jesús Cuenta Algunas Historias

 Basado en Mateo 7:24–29; 13:44; Lucas 8:5–15; 15

Jesús contaba historias para ayuadarle a entender a las personas cómo podían estar en el reino de los cielos. Una de ellas era acerca del sembrador. Sentado en un barca a la orilla del lago, Jesús le hablaba a una gran multitud. Mientras que escuchaban podían divisar al sembrador sembrando las semillas en la colina. Lee la historia que Jesús les dijo. Lucas 8:5–8.

Los alimentos, las flores, las plantas y los árboles todos crecen de la semilla. Las semillas en esta historia son todas las maravillosas cosas que Jesús ha enseñado desde el principio y las podemos leer en la Biblia. Versículo 11.

En esta historia, ¿podían decidir las semillas del sembrador en qué clase de terreno caerían? No. Pero nosotros sí podemos decidir qué clase de terreno pueden ser nuestras mentes, cuando los pensamientos de Jesús vienen a nosotros por medio de la Biblia. ¿No es esto maravilloso?

Las calles y las aceras son duras ¿verdad? Los pájaros pueden fácilmente arrebatar las semillas que caen allí. Cuando no estás escuchando lo que tus padres están diciendo, ¿te piden que prestes atención? No prestarle atención a la Biblia, o distraer a otros para que no presten atención, es escoger el que nuestras mentes sean como un terreno duro. Lo cual hace feliz a Satanás, pero entristece mucho a Jesús. Versículo 12.

El terreno duro y el terreno espinoso son similares a las personas que saben que la Biblia es la verdad. Al principio desean obedecer a Jesús, pero pronto deciden que es muy difícil cambiar los malos hábitos; o deciden que la obediencia en realidad no es importante; o simplemente escogen obedecer las tentaciones de Satanás y hacer lo que él dice que es muy divertido. A menudo se mantienen muy ocupados, sin tomar tiempo para aprender de Jesús y para pedirle que les ayude a obedecerle. Es entonces, cuando dejan de crecer y de asemejarse más a Jesús. Versículos 13, 14.

El buen terreno es como las personas que toman tiempo para escuchar a Jesús y escogen obedecerle. A medida que aprenden más de Él en la Biblia, más se asemejan a Él, y ayudan a otros a aprender de Él también. ¿No es maravilloso como nosotros podemos escoger permitirle a Jesús que ayude a nuestras mentes, a ser más como el buen terreno? Versículo 15.


Otra historia que Jesús compartió, fue acerca de dos hombres que edificaron sus casas. Uno usó buen material de construcción, y edificó su casa sobre la roca bien sólida. El otro hombre usó materiales baratos, y edificó su casa sobre terreno arenoso.

La gente había visto casas como las que Jesús describía. Algunas de las que habían sido construidas en roca sólida tenían cientos de años. Los vientos y las lluvias no las habían destruido. Las personas que las habían edificado habían trabajado duro. Teniendo que subir lomas muy empinadas para traer el material de construcción. Pero sus esfuerzos valían la pena el trabajo arduo, porque sus casas serían resistentes y firmes. Mateo 7: 24, 25.

Desde el lugar donde las personas escuchaban a Jesús, podían mirar hacia el valle donde algunos habían edificado casas baratas sobre terreno arenoso. Sabían que no les había costado mucho trabajo para edificar allí. Pero cuando llegaron las lluvias, y los ríos desbordados bajaban por las montañas, pronto el terreno arenoso, donde las casas mal hechas habían sido edificadas se inundaron. Fácilmente te podrás imaginar qué sucedió con esas casas. Se derrumbaron y probablemente muchas personas perdieron sus vidas. Versículos 26, 27.

Jesús se refería a la clase de caracter que escogemos construir ¿verdad? Construir nuestro caracter basados en lo que estamos aprendiendo de Jesús es como construir sobre la roca sólida. 1 Corintios 3:11.


Jesús contó tres historias acerca de cosas perdidas y gente perdida. Una de las historias era acerca de la moneda de plata que una mujer había perdido. Su madre le había dado diez monedas de plata cuando se casó, y eran muy especiales para ella. Pero una vez, cuando la mujer las contó, descubrió que le faltaba una de las monedas. Se sintió muy mal.

Pronto la mujer comenzó a buscar su preciosa moneda perdida. Prendió una lámpara y buscó con mucho cuidado en el closet, en los estantes y debajo de las cosas. Barrió todos los rincones de la casa, buscando cuidadosamente entre en el polvo y la basura. Lucas 15:8.

A lo mejor la vecina pasó por allí, y cuando se dio cuenta de lo que había sucedido, probablemente le contó a las otras vecinas. Cada una de ellas tenían sus propias diez monedas de plata; pues era lo que las madres acostumbraban darle a sus hijas cuando se casaban. Todas sabían que era algo muy especial y se sentían tristes por su preocupada vecina.

Al fin, la mujer encontró su moneda perdida. Sin duda que rápidamente debe haberla limpiado y sacado brillo. Sentía tanto alivio de tener todas sus monedas completas nuevamente, que se apresuró a contarle a sus vecinas. “¡Encontré mi moneda! ¡Vengan! ¡Vamos a celebrar!” Versículo 9.

¿Sabía esa preciosa moneda que estaba perdida? No. Era como las personas que no conocen a Jesús; no saben que están obedeciendo a Satanás. ¿Qué dijo Jesús acerca de las personas que ni siquiera saben que están perdidas? Versículo 10.

¿Cuáles son algunas de las formas en que podemos ayudar a encontrar a aquellos que están perdidos?


Jesús contó la historia del pastor y su oveja perdida. El pastor tenía 100 ovejas, y en la noche las guardaba en el corral donde estarían protegidas de los animales salvajes y de los ladrones. Una tarde, a medida que las ovejas iban entrando al corral, él las iba contando una por una. Contó hasta 99, y no habían más. Le faltaba una. Tal vez las contó de nuevo para asegurarse. Pero ciertamente le faltaba una.

El pastor no tenía que esperar para ver qué iba a hacer. Aunque estaba cansado después de haberlas cuidado todo el día, y aunque sabía que ya la noche se acercaba, rápidamente cerró la reja del corral para asegurar las 99 ovejas y se apresuró a buscar la oveja que se le había perdido.

Cuando las ovejas se pierden, no saben cómo regresar al rebaño o al corral. Por lo cual, no le fue fácil encontrar su oveja. El pastor se sentía cansado; y los vientos y la lluvia le golpeaban. Llevaba una lámpara; pero al ir de prisa se tropezó con las piedras y cayó sobre los espinos. Sabía que habían animales salvajes por ahí y que su pobre oveja estaría muy asustada. Repetidamente llamaba a la oveja por nombre, escuchando atentamente para ver si respondía. Pero no contestaba. Finalmente el pastor escuchó un debil “Baa”. Sabía que su oveja estaba tratando de contestarle y se apuró lo mas rápido posible en dirección hacia el débil bramido, hasta que al fín la encontró.

Bien sabía el pastor que su oveja se había perdido porque se había descarriado. No había seguido al pastor y al rebaño. ¿Castigó a la oveja con su vara? ¿La llevó a empujones adelante de él hasta el corral? No. Lee la historia y descubre lo que hizo. Lucas 15:1–7.

La oveja perdida era como las personas que saben que son pecadoras y que están perdidas, pero no saben cómo encontrar a Jesús nuestro amoroso Pastor. Los escribas y los fariseos, quienes estaban muy seguros de ser parte del reino de Dios, en realidad estaban tan perdidos como la moneda que no sabía que estaba perdida. Pero Dios ama a las personas que son como la oveja perdida.


Otra historia que Jesús les contó fue la de dos muchachos perdidos. Eran dos hermanos y su padre era muy rico. Los muchachos sabían que cuando su padre muriera, todas sus riquezas les pertenecerían.

El hijo mayor era muy buen trabajador; su padre podía depender de él, pues siempre hacía un buen trabajo. El hijo menor era muy diferente. No le gustaba trabajar. Todo lo que quería era divertirse. Es más, deseaba irse de su casa para poder hacer lo que le complacía. Y no quería tener que esperar hasta que su padre muriera.

El hijo menor pensó en un plan. Le pediría a su padre que le diera la porción del dinero que le correspondía antes de que muriera. Lucas 15:12.

Cuando su padre accedió, por su puesto que el muchacho estaba feliz. Pero el padre se sentía triste. Podía ver que su hijo no apreciaba el lindo hogar y el amoroso cuidado que su familia siempre le había dado. Era dificil para aquel padre ver a su hijo sonriendo y diciendo adios con su mano, a medida que se alejaba por el camino. Sabía que su hijo se iría lejos de casa para poder divertirse sin que nadie lo molestara. Versículo 13.

Al principio el joven tenía muchos amigos, y cómo se divertían juntos. Pero cuando se le acabó el dinero, también se le acabaron los amigos. Nunca había aprendido a trabajar, así que no podía encontrar trabajo para ganar más dinero; y cuando hubo una hambruna, se encontró en gran dificultad. Finalmente, ¿qué hizo? Versículos 14–16.

“Volviendo en sí” son la próximas palabras en el siguiente texto. ¿Cuál es el hermoso final de la historia del hijo menor? Versículos 17–24.

¿Se sentían todos felices de que el hijo menor al fin tomaba conciencia de lo necio que había sido? Versículos 25–31.

No sabemos si el hijo mayor desistió de su enojo. Se sentía orgulloso de que siempre había sido un “buen” hijo. Al igual que la mayoría de los orgullosos, no se daba cuenta de que lo era; y ser orgulloso es uno de los peores pecados. Era como las personas que piensan que otros son pecadores, pero que ellos se han ganado el derecho al cielo. ¿Pero puede alguien hacer eso?


En aquellos días, cuando Jesús estaba en esta tierra, la gente a veces escondía su tesoro bajo tierra para que los ladrones no se lo robaran.

Tenían cuidado de no decirle a otras personas dónde habían escondido el tesoro, y algunas veces, después de que el dueño del tesoro moría, continuaba escondido porque nadie sabía dónde encontrarlo.

Un día, Jesús les dijo la historia de un hombre que estaba arando la tierra del campo que había rentado. De repente su arado chocó con algo duro. No era una piedra grande; era un tesoro. Cuando el hombre lo vio, se dio cuenta que tenía más valor de lo que hubiese soñado poseer.

Rápidamente el hombre encubrió el tesoro con la tierra nuevamente. De inmediato sabía que tenía que comprar ese terreno para que el tesoro le perteneciera a él. Cuando se enteró del valor del terreno, sabía que la familia tendría que vender todo para tener suficiente dinero con qué comprarlo. Y eso fue lo que hicieron.

Después de haber comprado el terreno, el hombre cuidadosamente sacó el tesoro. La familia al ver lo que había estado enterrado allí, no le importó que hubieran tenido que vender todo. Ahora eran muy ricos. Mateo 13:44.

Jesús dijo que nuestro verdadero tesoro es el reino de Dios. Para estar en ese reino debemos estar dispuestos a abandonar todo lo que pertenece al reino de Satanás. Nada puede ser más importante que el escoger amar y confiar en Dios, quien nos ayudará a obedecer y a asemejarnos más a Él. Juan 17:3; Mateo 19:29.

Las personas no se daban cuenta, que aún sin saberlo, podían estar en el reino de Satanás. Querían un rey que los librara de los romanos, pero Jesús no les ofrecía esa clase de reino. Al final todos los que permanezcan en el reino de Satanás morirán para siempre. Jesús quiere librarnos de Satanás; entonces podremos vivir con Él para siempre en su maravilloso reino. Mateo 25:34, 41.