Mi Biblia Primero - Lección 21


 LECCIÓN 21

Un Regalo para Jesús

Basado en Mateo 24; Marcos 13; Lucas 7:36–50;10:38–42; 19:29–48; 21:7–38 Juan 11; 12:1–26.

Jesús tenía tres amistades especiales que vivían en Jerusalén cerca de Betania. Eran María, su hermana Marta, y su hermano Lázaro. A Jesús le encantaba visitar su tranquilo hogar, cada vez que podía.

Jesús tenía que ser cuidadoso cuando predicaba y enseñaba. Sabía que los espías, enviados por los envidiosos sacerdotes y gobernantes, a menudo estaban escuchando y observando, con la esperanza de encontrar alguna razón para meterlo en problema. Pero en casa de sus amigos especiales, podía relajarse y hablar de cosas importantes.

Las amistades de Jesús lo amaban. Sabían que era el Hijo de Dios, el Mesías prometido, y el verdadero Rey de Israel. Pero al igual que todos, esperaban que el Mesías estableciera su reino en este mundo para librarlos de los romanos y convertir a Israel en una gran nación.

María amaba a Jesús de una forma especial porque le había ayudado a superar muchos errores. Una vez, cuando Jesús estaba visitándolos, Marta trabajaba con diligencia en la cocina preparando la cena para los invitados; pero María, debido a que estaba tan concentrada escuchando a Jesús, se olvidó de ayudarle. Marta se puso tan molesta que por fín le habló a Jesús. Lucas 10: 38–40.

Jesús miró a Marta con ternura. Sabía que ella lo amaba y quería preparar algo muy especial para Él y sus discípulos. Pero Jesús también sabía que era más importante escucharlo que preparar la comida. Él hubiera estado complacido con una cena simple, que no tomara mucho tiempo para preparar y así Marta también hubiera podido sentarse a escucharlo. ¿Qué dijo Jesús? Versículos 41, 42.

¿Pueden las personas, aún los niños, estar tan ocupados con el trabajo y la diversión que no tomen tiempo para pasar con Jesús? ¿Será que si no tomamos el tiempo, podremos perder algo mucho más importante que el trabajo y la diversión?


Lázaro, el amigo especial de Jesús, estaba muy enfermo. ¿Qué hicieron sus hermanas? Juan 11:3.

Los discípulos estaban sorprendidos de que Jesús no fuera rápidamente a sanar a Lázaro. Pero se sorprendieron, más aún, dos días después. ¿Por qué? Versículos 4–8, 14, 16.

Todos los días Jesús seguía los planes de Su Padre, sabiendo que estaría protegido siempre y cuando así lo hiciera. Cuando se acercaban a Betania, Marta se fue al encuentro de Jesús primero, y después María. Mientras que caminaban a la tumba, las dos hermanas y sus amigos lloraban. Jesús también lloró. Versículos 17–38.

Jesús lloraba por dos razones; amaba a María y a Marta, y sentía tristeza por ellas. También amaba a los otros judíos que junto con ellas se lamentaban. Sabía que algunos de ellos sólo fingían y que pronto estarían planeando su muerte. Pero fueron a la tumba con los demás, donde presenciaron el milagro que comprobó, en forma absoluta, que Jesús era el Hijo de Dios. Versículos 39–44.

¡Qué milagro tan maravilloso! Ahora nadie podría dudar quién era Jesús. Muchas de las personas que estaban allí ese día, escogieron creer en Él. Pero, ¿quién era el que más odiaba a Jesús? Versículos 45–48, 53, 57.

Sólo Jesús sabía que la Pascua de ese año sería la más importante de todas las que se habían celebrado. Jesús, el verdadero Cordero de Dios, moriría una muerte terrible en lugar nuestro, para que nosotros pudiéramos vivir para siempre. Juan 3:16.


Simón era un fariseo que vivía en el mismo pueblo donde Lázaro y sus hermanas vivían. Jesús había sanado a Simón de la terrible enfermedad de la lepra, y era uno de Sus seguidores. Pero Simón no conocía a Jesús como el Salvador de sus pecados. En realidad Simón no se consideraba un pecador.

Después de que Jesús resucitó a Lázaro, Simón hizo una fiesta para Jesús en agradecimiento por haberlo sanado de la lepra. Invitó a muchas personas importantes y Lázaro era uno de los invitados especiales.

Mientras comían, el fragante aroma de un perfume muy costoso y especial llenó el aire. “¿De dónde viene ese aroma?” se preguntaban todos. “¿Quién ha derrochado tanto dinero?” Pronto las personas comenzaron a susurrar entre ellos. “Es María, la hermana de Lázaro. Ha estado arrodillada a los pies de Jesús, escuchándolo y sollozando. Ella abrió el perfume y lo derramó sobre su cabeza y sus pies.” Versículo 3.

Era cierto. María estaba pensando en las muchas veces que Jesús la había perdonado y la había ayudado a librarse del reino de Satanás. Ella había oído hablar a Jesús de Su cercana muerte. Así que, ahorrando dinero y sacrificando sus necesidades, había comprado el perfume con el cual Jesús sería embalsamado después de Su muerte. Pero ahora la gente hablaba de coronar a Jesús como rey y ella quería ser la primera en honrarlo. Ni siquiera había caído en cuenta de que todos observaban lo que hacía. Luego, al escuchar a los discípulos de Jesús murmurando, se avergonzó mucho. Y además, ¿qué diría Marta? Versículos 4–6.

Simón el fariseo también la maljuzgaba en su pensamiento; pero cuando Jesús les relató una historia acerca del agradecimiento, Simón comprendió trés cosas –Una , que Jesús podía leer sus pensamientos; Dos, que María amaba a Jesús mucho más que él; y trés, que él era un pecador muy orgulloso. Lucas 7: 39–47.

Todos somos pecadores, pero a menos que lo reconozcamos y pidamos perdón, aún permaneceremos en el reino de Satanás. Cuando Jesús se dio vuelta y le habló a María, ella estaba más agradecida que nunca por Su perdón y Su amor. Versículos 48–50.


Jesús todavía permanecía en Betania el primer domingo después de la fiesta de Simón. Había una gran compañia de gente allí también. La mayoría había ido a ver a Jesús, al igual que a Lázaro, quien había sido resucitado de los muertos. Muchos otros se dirigían a la Pascua en Jerusalén y ellos también se unieron a la compañía que estaba alrededor de Jesús.

¿Qué le pidió Jesús a dos de sus discípulos que hicieran? Lucas 19:29–34.

Cabalgar sobre un pollino a Jerusalén era lo que acostumbraban los reyes de Israel, y uno de los profetas había predicho que eso era lo que el Mesías también haría. Zacarías 9:9.

Finalmente, ¿les estaba revelando Jesús que Él era el verdadero Rey? ¡Qué emocionante! Lucas 19:35–38.

Por tres años y medio Jesús había estado sanando y enseñando a la gente. Mostrándoles cómo era nuestro amoroso Padre celestial. Jesús les había comprobado que Él era el Hijo de Dios, al igual que el Hijo del hombre; y aún lo es. Era el Mesías prometido, el veradero Cordero de Dios. En sólo unos pocos días, moriría en lugar nuestro, para que pudiésemos vivir con Él para siempre. Pero aún así, nadie comprendía esto en realidad.

Ahora la gente alrededor de Jesús gritaba de alegría a medida que Él cabalgaba sobre el pollino hacía Jesrusalén. Antes de esto Jesús nunca les había permitido que lo trataran como un rey. Lo cual le hubiera dado razón a los romanos y a los judíos para matarlo antes de que fuera su hora, pero ahora el tiempo había llegado.

Al cabalgar de entrada a Jerusalén como un rey, todos los que asistirían a la Pascua se darían cuenta de Él. Y por su muerte, esa misma semana, tal como los profetas lo habían predicho, muchos estudiarían las profecías y lo aceptarían como el verdadero Cordero de la Pascua que fue sacrificado por ellos—y por nosotros también. Corintios 5:7.

Cuando la muchedumbre llegó a la cima del Monte de los Olivos, pararon. Al frente de la siguiente colina estaba Jerusalén, la gente se detuvo silenciosamente observando el hermoso templo. Luego, miraron a Jesús y repentinamente todo cambió. Vieron lágrimas en sus ojos. ¡Estaba llorando! ¿Por qué? Lucas 19:41–44.

Jesús amaba a su pueblo. Habían esperado al Mesías prometido por cientos de años, y ahora había llegado, pero Él no era la clase de Mesías que ellos querían.

Los líderes judíos trataron de deshacer la multitud que estaba con Jesús y mientras que ellos discutían, Jesús calladamente se fue y se dirigió al templo. Pasó un corto tiempo allí y luego Él y sus discípulos regresaron a Betania. Marcos 11:11.


Cuando Jesús regresó al templo el lunes en la mañana, se encontró con las mismas cosas terribles que habían sucedido durante la Pascua tres años atrás, y una vez más auyentó a los cambiadores de monedas y a los vendedores de animales. Los sacerdotes y los gobernantes también huyeron, aúnque habían pensado que nunca más lo harían. Marcos 11:15–17.

Al siguente día, Jesús enseñó en el templo nuevamente. La gente se apiñaba en los atrios del templo para escucharle. Los sacerdotes y fariseos también se encontraban allí. Escuchaban lo que les hablaba a la gente, pero no les gustaba lo que les decía acerca de ellos. Mateo 23:13–34.

¡Cúan desanimado podía haber estado Jesús! ¿Qué dijo antes de irse del atrio interior del templo? Versículos 37, 38.

Jesús se sentía triste de que los líderes lo habían rechazado. Pero algo sucedió ese día que le hizo alegrar. Unos griegos en el atrio exterior deseaban verlo. Juan 12:20, 21.

Sólo los judíos eran permitidos entrar al atrio interior del templo. Los otros, tenían que adorar en el atrio exterior. Así que Jesús felizmente fue a hablar con los griegos. Sabía que antes de que terminara la semana ellos escucharían muchas mentiras terribles acerca de Él y lo verían morir una muerte terrible. Ellos tenían que entender porqué había venido a este mundo y porqué tenía que morir.

Jesús recordó que cuando El nació, hombres sabios vinieron del oriente para adorarlo. Ahora, cuando estaba a punto de morir por nuestro mundo, las personas habían venido del occidente para aprender de Él. Jesús sabía que antes del fín de nuestro mundo, millones de personas de todas partes le conocerían y pertenecerían a Su reino.


Después de que Jesús tristemente le dijo a los sacerdotes y gobernantes, “Vuestra casa os es dejada desierta”, nunca regresó de nuevo al templo. Pero al irse de allí para siempre, ese martes de tarde, uno de sus discípulos le señaló las inmensas piedras del templo y su belleza. Era uno de los edificios más hermosos del mundo. ¿Pero qué dijo Jesús que pasaría con el templo? Mateo 13:1, 2.

Los discípulos estaban asombrados. ¿Cómo sería posible tal cosa? Después, cuando se encontraban alejados de la muchedumbre, le preguntaron a Jesús. Estaban sentados en el Monte de los Olivos; y al otro lado del valle, en el lado opuesto a las colinas, podían divisar a Jerusalén y al templo. Se preguntaban cuándo serían destruidos.

Muchas de las respuestas de Jesús se encuentran en Mateo 24. Habla acerca de la forma en que Jerusalén sería destruida y cómo podrían protegerse cuando esto pasara. Y así sucedió cerca de 40 años después, cuando un ejército romano vino y destruyó la ciudad y el templo. Pero debido a que Jesús le había dicho a los cristianos lo que debían hacer, todos se fueron de la ciudad antes de que fuera destruida. Versículos 15–20.

Jerusalén fue reconstruida de nuevo, pero no el templo.

Jesús también habló del fín del mundo y de algunas de las señales importantes que tendríamos que observar atentamente. Dijo que habrían guerras, hambre y terremotos. Muchas personas desobedecerían las leyes y causarían mucha maldad. También el amor de muchos, hacia otros, se enfriaría. Serían como las personas que Dios destruyó antes del diluvio. Versículos 7, 12, 38, 39.

Otra señal que Jesús mencionó era que habrían falsos profetas quienes engañarían a muchas personas. También advirtió que habrían falsos cristos. Y cerca del fin, Satanás mismo trataría de hacerse pasar por Jesús. Versículo 24. 2 Corintios 11:14.

Jesús dijo que nadie sabría el momento exacto en que vendría. Mateo 24:42. Pero nos predijo otra señal que nos indicaría la cercanía de su venida. Léela en el versículo 14.

Cuando Jesús finalmente venga, ¿será en secreto, o le verán todos? Versículo 27; Apocalipsis 1:7.

Por todo el mundo, personas que en realidad creen en la Biblia y aman a Jesús, están compartiendo con otros acerca de Él y su pronto venida. Cuando Él regrese, ¿cómo se sentirán aquellos que han escogido amar, confiar y obedecerle? Isaías 25:9.

¿Cómo se sentirán aquellos, que escogen permanecer en el reino de Satanás?

¿En qué reino estás escogiendo quedarte?