Mi Biblia Primero - Lección 22


 LECCIÓN 22

Traicionado y Condenado

Basado en Mateo 26:17–75; 27:1–32; Marcos 14:12–72; 15:1–21; Lucas 22:7–71; 23:1–32; Juan 13:1–30; 18; 19: 1–16

Nota: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, cada uno relata lo que sucedió en nuestra historia esta semana. Si colocas una marca en cada uno de los libros, podrás encontrar fácilmente los diferentes detalles que nos dan.

El jueves en la tarde, sólo cuatro días después de Jesús haber entrado a Jerusalén cabalgando sobre su asno, Él y sus discípulos fueron al piso de arriba, de una casa en Jerusalén para comer una cena especial juntos. ¿Por qué era la cena especial? ¿Quién la preparó? ¿Qué dijo Jesús acerca de esta cena? Lucas 22:7–16.

Jesús conocía los pensamientos egoístas y celosos que los discípulos estaban entreteniendo. Cada uno de ellos quería tomar el lugar más importante en el reino, del cual estaban seguros, Él estaba a punto de comenzar muy pronto. Jesús los observaba tratando de escoger el asiento más cercano a Él. También sabía que ellos habían notado que no había un sirviente para que les lavara los pies antes de comer; sin embargo, actuaban como si nada estuviera pasando. Versículo 24.

Jesús se sentía triste de que los discípulos, eran muy orgullos como para hacer la tarea de un siervo. Calladamente, se levantó de la mesa y comenzó a lavarles los pies Él mismo. Los discípulos estaban muy sorprendidos y avergonzados. ¿Qué dijo Pedro cuando Jesús vino a lavarle los pies? Juan 13:3–9.

Jesús quería demostrar que el bautismo era como tomar un baño. Si nos ensuciamos los pies después de haber tomado un baño, no tenemos que bañarnos otra vez sólo para limpiarnos los pies. El bautismo es como un baño que demuestra que estamos confiando en Dios para que quite nuestros pecados y limpie nuestros corazones. No necesitamos ser bautizados vez tras vez, cuando nos olvidamos y cometemos un error. El servicio de lavarnos los pies los unos a los otros nos recuerda de ser humildes y permitir que Jesús nuevamente nos de un corazón limpio. Versículo 10.

Cuando Jesús terminó de lavar los pies de los discípulos, se sintieron avergonzados, y humillados—todos, excepto uno. ¿Quién era? Versículos 11, 21–26.

Jesús estaba estableciendo una nueva ceremonia esa noche; la llamamos, la Santa Cena. Primero tenemos el lavado de los pies. Después, tomamos la Santa Cena, la cual tomó el lugar de la cena de la Pascua. Después de que Jesús murió, no se necesitaba sacrificar más corderos para recordarle a las personas que Él moriría por nosotros. La nueva ceremonia nos recordaría que Jesús ya había muerto por nosotros. Es un maravilloso recordatorio. 1 Corintios 11:23–26.


Judas era uno de los discípulos de Jesús, pero él amaba más el dinero que a Jesús. ¿De qué forma había demostrado esto? Juan 12:4–6; Mateo 26:14–16.

Cuando Judas se retiró de la cena de la Pascua ese Jueves de noche, se dirigió otra vez a donde estaban los sacerdotes y gobernantes para ayudarles a planear el arresto de Jesús. Jesús sabía lo que ocurriría esa misma noche. Él le dijo a sus discípulos que ellos lo abandonarían también. Entonces se fueron al jardín de Getsemaní. Marcos 14: 26–31.

Después de que Jesús dejó a la mayoría de los discípulos cerca de la entrada del jardín Getsemaní, tomó consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó más adentro del jardín, y Él se alejó aún más para orar. Nadie puede entender o aun imaginarse lo que le estaba sucediendo a Jesús esa noche. No estaba orando como generalmente lo hacía otras veces en el jardín o como lo muestran la mayoría de los cuadros. Cayó sobre el suelo como si estuviera cargando un inmenso peso. Y así era. Había venido a cargar el terrible peso de culpabilidad que el pecado había traído sobre todos nosotros. Y ese terrible sentimiento lo hacía sollozar y gemir mientras que oraba a solas a con Su Padre celestial. Versículos 32, 33.

Los discípulos se habían vanagloriado de cómo amaban a Jesús; pero aunque trataron de orar, no podían quedarse despiertos. No comprendían lo que le estaba pasando a Jesús. No sabían cuán terriblemente duro Satanás lo estaba tentando. Versículos 37–40.

¿Por qué estaba Satanás tan empeñado en hacer que Jesús cambiara su decisión de morir por nosotros? Porque sabía que a menos que hiciera esto, perdería la guerra que había peleado contra Jesús por miles de años. Y al final él, Satanás, sería destruido para siempre. Pero si Jesús escogía no morir por nosotros, entonces Satanás ganaría. Entonces tú y yo, y todos los que hayamos vivido tendríamos que morir para siempre. Nunca, ningún humano, podría estar en el reino de Dios. ¡Todos estaríamos perdidos para siempre!


¿Era Jesús humano? Sí, lo era. ¿Era también nuestro gran  Creador Dios? Sí, lo era. Pero desde el momento en que se convirtió en hombre, nunca usó su poder divino como Hijo de Dios, para su propio beneficio. Satanás pensó que ningún ser humano escogería que se le atara y, que por medio de rudos soldados, fuera llevado de un lugar a otro. Ningún ser humano se dejaría ser golpeado con látigos crueles que dejarían profundas heridas en su espalda, o ser escupido, o que se le clavara una corona de espinas sobre su cabeza. Ningún humano dejaría que se le desvistiera, y se le ataran sus manos y pies, o permitiría sel colgado sobre una cruz y morir alrededor de una multitud de espectadores. Jesús sabía que todas estas terribles y crueles cosas le sucederían a Él. Sin embargo, nos amó tanto, que estaba dispuesto a pasar todo esto, para salvarnos del malvado y cruel Satanás.

Pero más que todo, Satanás no desea que las personas comprendan que no fueron las terribles torturas lo que más hizo sufrir a Jesús. Hubo algo que lo hizo sufrir mucho más. Jesús estaba sintiendo la culpabilidad de cada pecado que tú y yo hemos cometido. Aún peor, estaba sintiendo la culpabilidad de los pecados que cada persona en este mundo ha cometido. No podemos imaginarnos cómo ha debido ser tal peso. Eso fue lo que destrozó su corazón y le hizo morir.

Todos nos hemos sentido culpables por los errores que hemos cometido. Algunas personas se han quitado la vida porque no han podido soportar el terrible peso de la culpabilidad. Pero Jesús sintió la horrorosa culpabilidad de todos los pecados que la gente ha cometido desde el comienzo de nuestro mundo. Y Satanás estaba tentando a Jesús tan ferozmente, que en vez de brotar sólo sudor de los poros, sangre brotaba con Su sudor. Lucas 22:44.

Con razón Jesús le rogaba a Su Padre que, por favor, buscara otra forma de salvarnos, si la había. Pero no había otra forma. Así que Jesús continuó escogiendo seguir el único plan que nos podría salvar.


Debido al terrible sentimiento de vegüenza y culpabilidad de los pecados de toda la gente que había vivido, Jesús hubiese podido morir esa misma noche allí en el jardín de Getsemaní. Pero Dios envió un ángel— no para remover el terrible peso—pero para darle a Jesús suficiente fortaleza para continuar sufriendo sin morir. Lucas 22:43.

Dos veces Jesús, con pasos tambaleantes regresó a sus tres soñolientos discípulos y les rogó que oraran. Pero cada vez los encontraba profundamente dormidos. ¿Qué les dijo cuando volvió la tercera vez? Marcos 14: 41, 42.

Judas era el traidor, y sabía dónde encontrar a Jesús esa noche. Vino con soldados y con una turba de gente diciendo que estaba buscando a Jesús.

Cuando Jesus dijo, “Yo soy,” todos, incluyendo a Judas, retrocedieron y cayeron al suelo. Han de haber visto el resplandor de un ángel que se interponía entre ellos y Jesús. Debió haber sido el mismo ángel que había venido del cielo a fortalecer a Jesús y que todavía estaba allí en el jardín. Juan 18: 2–6.

Tal vez algunos de los soldados no conocían a Jesús, así que Judas les dijo que el Hombre a quien él besara, a ese debían arrestar; y así lo hizo. Marcos 14:44–46. Cuando los discípulos vieron que los soldados iban a atar las manos de Jesús querían detenerlos, y Pedro sacó su espada hifiendo al siervo del sumo sacerdote. Pero todo lo que hizo fue cortarle la oreja derecha. Juan 18:10.

Jesús le dijo a Pedro que guardara su espada. No necesitaba ser defendido con espadas. Él hubiese podido llamar miles de ángeles para que lo protegieran, pero eso hubiera arruinado el plan. Mateo 26:52–54.

¿Qué hizo Jesús con la oreja que Pedro le cortó al hombre? Lucas 22:51.

Un poco antes, esa misma noche, todos los discípulos habían dicho que morirían por Jesús antes que negarlo. Pero cuando vieron que Jesús permitía que la turba lo arrestara y le atara las manos, ¿qué hicieron los discípulos? Mateo 26:35; Marcos 14:50.

Entonces, los rudos soldados llevaron a Jesús a casa de Anás, el suegro de Caifás, el sumo sacerdote. Anás sabía que si lograba hacer que Jesús dijera que Él era el Hijo de Dios, sería condenado a muerte por el concilio. Si pudiera comprobar que Jesús secretamente trataba de comenzar un nuevo reino, los romanos también accederían a matarlo. Jesús cortesmente le dijo a Anás que nunca había hecho nada en secreto. Juan 18:12, 13, 20, 21.


Aún era de noche cuando Jesús fue llevado donde Caifás, el sumo sacerdote. Lee acerca de lo que sucedió allí. Marcos 14:53–65.

Después de haber escapado de Getsemaní, Pedro y Juan regresaron, siguiendo a la pandilla que llevaba a Jesús de un lugar a otro. Juan se mantuvo lo más cerca de Jesús que pudo. Pero Pedro se quedó en el atrio, fingiendo que ni siquiera conocía a Jesús. Juan 18:15, 16; Lucas 22:55–62.

Aquella bondadosa y amorosa mirada de Jesús rompió el corazón de Pedro. Solo y llorando, corrió apresuramente hacia la oscuridad de la noche. ¡Cúan terriblemente había defraudado a Jesús! Aun con maldiciones y juramentos trató de convencer a las personas que no conocía a Jesús. Marcos 14:71.

Cuando finalmente amaneció, se reunió el concilio de nuevo. Mateo 27:1.

Judas también había seguido a Jesús desde Getsemaní; ansiosamente, observando y escuchando todo lo que estaba sucediendo. Todavía tenía las treinta piezas de plata que los sacerdotes le habían pagado por haber traicionado a Jesús. La misma cantidad que se pagaba por un esclavo. Creía que Jesús no permitiría que los soldados lo arrestaran. Y aún estando en el tribunal del concilio, esperaba que en cualquier momento Jesús se libertaría. Pero cuando vio que Jesús se iba a dejar crucificar, no pudo resistir la terrible realidad de lo que había cometido. De repente, se abrió paso entre la muchedumbre hacia Caifás. ¿Entonces, qué hizo? Versículos 3–5.

El próximo lugar al cual se le llevó fue ante Pilato, el gobernante romano de Judá. Al instante Pilato podía percibir que Jesús era inocente, pero también sabía que los líderes judíos estaban determinados a condenarlo a muerte. Tan pronto se dio cuenta que Jesús era de Galilea, decidió enviarlo a Herodes, rey de Galilea. Lucas 23:1–7.


Herodes era el mismo rey malvado que había dado muerte a Juan el Bautista. Por mucho tiempo había deseado ver a Jesús para verle hacer algún milagro. Pero, ¿haría Jesús milagros sólo para complacer al malvado Herodes y para salvar Su propia vida? No. Así que Herodes envió a Jesús de regreso a Pilato. ¿Qué le dijo el gobernante romano a los sacerdotes y gobernantes? Lucas 23:8–16.

Como Pilato sabía que Jesús era inocente, y que los gobernantes judíos actuaban llevados por sus celos y envidia, trató una vez más de salvar la vida de Jesús. Mateo 27:15–19.

Cualquiera que mirara a Jesús y al ladrón Barrabás lado a lado, podía darse cuenta cuál era inocente y cuál era culpable. Barrabás era un criminal; en cambio Jesús nunca había cometido algo malo en su vida. Pero aunque sabían que Jesús era inocente, los sacerdotes y gobernantes estaban determinados a deshacerse de Él. Versículos 20–23; Juan 19:15.

Barrabás esperaba ser crucificado ese día; pero ahora estaba libre. Pilato ordenó que Jesús fuera crucificado en su lugar. Marcos 15:15–20.

Pilato no quería crucificar a Jesús, pero tampoco tuvo la valentía de ir en contra de lo que los líderes judíos tramaban. Y cuando vio que ellos podrían acusarle con Cesar, el emperador romano, temió perder su posición.¡Qué triste! Mateo 27:24; Juan 19:12.

Era viernes de mañana cuando Jesús fue llevado a ser crucificado. No había dormido desde el miércoles en la noche, y probablemente no había comido, ni tomado nada desde el jueves en la tarde. También había perdido sangre por las terribles heridas de los latigazos. Al tratar de cargar la pesada cruz, se cayó. Los soldados debían haber sabido que Jesús estaba muy debil para cargarla. ¿Entonces, qué hicieron? Marcos 15:21.