Mi Biblia Primero - Lección 23


 LECCIÓN 23

El Regalo más Grande del Amor

Basado en Mateo 27:33–66; 28; Marcos 15:22–47; 16:1–13; Lucas 23:33–56; 24:1–49; Juan 19:17–42; 20; 21

Amedida que conducían a Jesús a las afueras de Jerusalén donde sería crucificado, se le hacía más dificil caminar. Todo su cuerpo le dolía, su espalda sangraba, y por su rostro corrían gotas de sangre a causa la corona de espinas.

Simón llevaba la cruz de Jesus, y sus entristecidos discípulos y amigos lo seguían. Juan caminaba al lado de la madre de Jesús, que lloraba. Pensamientos confusos pasaban por la mente de todos. ¿Habrían estado equivocados en cuanto a si Jesús era el Mesías? ¿Realizaría algún milagro para salvarse a sí mismo?

Pero, ¿hubiese podido Jesús salvarse a sí mismo y al mismo tiempo salvarnos a nosotros también? No. Somos pecadores y todos merecemos morir para siempre. Jesús fue el único ser humano que ha vivido sin pecado, por esto es que era El único que podía tomar nuestros pecados, morir en nuestro lugar, y darnos su vida perfecta a cambio de nuestra vida pecaminosa. Por eso le permitió a los crueles soldados que lo clavaran sobre la cruz, la levantaran y la plantaran en el hueco que se había cavado entre las otras dos cruces.

Los hombres en esas otras cruces eran ladrones, quienes probablemente se resistían contra los soldados que los ponían sobre la cruz. Pero, ¿qué hizo Jesús? Lucas 23:32–37.

¿Estaba Satanás tentando a Jesús a que se diera por vencido? Sí. Esta era su última oportunidad para tratar de comprobar su mentira de que era imposible para los humanos obedecer la ley de Dios.

“¡Nadie cree en tí!” le habrá dicho. “Tus discípulos se quedaron dormidos cuando querías que oraran. Luego te abandonaron dejándote solo con la turba. Dios, el Padre, odia tanto el pecado que se ha apartado de ti. Nunca resucitarás de los muertos, ni regresarás al cielo.”

Nadie puede entender el tipo de sufrimiento que Jesús sentía. Aunque nunca había pecado, se sentía como si hubiera cometido todos los pecados que cada persona había cometido desde el comienzo del mundo. Él sabía el sufrimiento por el que pasaríamos por obedecer las mentiras de Satanás, y escogió pasar por el sufrimiento que nosotros merecíamos, para que no tuviéramos que sufrirlo. Romanos 6:23

Si aceptamos los sufrimientos de Jesús y escogemos amarle y obedecerle, Él nos puede dar su vida perfecta en lugar de nuestra vida imperfecta. Todos hemos hecho muchas cosas malas. ¡Oh, cuánto nos ama Jesús a ti, a mí y a todos!


Muchas personas observaban a Jesús ese triste viernes de tarde. Los que pasaban por allí podían leer la inscripción en el letrero que habían colocado encima de la cruz. ¿Qué decía? Juan 19:19–22.

Habían pasado muchas horas desde la última vez que Jesús había comido o tomado agua y tenía mucha sed. Se permitía darle a aquellos que sufrían la muerte en la cruz, una bebida de vino con una droga que amortiguaba un poco la terrible sensación de dolor, pero cuando se la ofrecieron a Jesús, ¿qué hizo Él? Mateo 27:34.

Jesús sabía que el alcohol y las dorgas turban la mente. Sabía que no debía permitir que nada le impidiera seguir cada paso del plan para salvarnos de Satanás.

Jesús podía escuchar los soldados al pie de la cruz. Juan 19:23, 24, 24. Podía escuchar el llanto de sus amigos. ¿Cómo desmostró Jesús su amor especial por su preciosa madre? Versículos 26, 27. Podía escuchar las crueles personas burlándose de Él. Mateo 27:39–43.

Luego, Jesús escuchó a los ladrones en las cruces a cada lado de Él. Lo habían estado observando, y uno de ellos estaba convencido de que Él era verdaderamente el hijo de Dios, el Mesías. Lo que le dijo a Jesús fue como un brillante rayo de esperanza que atravezó por los oscuros y opresivos pensamientos que Satanás trataba de forzar en Su mente. Lucas 23:39–42.

Gozosamente Jesús le respondió al ladrón, “De cierto te digo hoy: que un día tú estarás conmigo en el cielo.” Eso fue lo que quizo decir su respuesta. Versículo 43.


Jesús había estado colgado sobre la cruz desde las nueve de la mañana ese día viernes. Marcos 15:25 ¿Qué sucedió tres horas después? Mateo 27:45.

Bajo esa densa oscuridad, Jesús se sintió solo. Desesperadamente, Satanás trataba de hacer todo lo posible para que finalmente desistiera del plan de salvación. Y a ningún ángel le era permitido ayudarle. “Tu Padre te ha dejado para siempre”, le repetía Satanás una y otra vez; y así era como Jesús se sentía. ¿Qué exclamó en voz alta? Versículo 46.

Pero aunque Jesús se sintió desamparado, no cedió a sus sentimientos. Eligió confiar en su Padre celestial, sin importarle lo que sentía o qué le sucediera. Siempre y cuando Jesús estuviese vivo, Satanás probablemente continuó tentándolo ferozmente. Generalmente tomaba muchas horas antes de que la persona crucificada muriera, pero Jesús había estado sobre la cruz sólo seis horas cuando Su amoroso corazón se quebrantó. Lucas 23:46.

No muy lejos de allí, en el templo, se escuchó el ruido de algo que se desgarraba en el momento en que Jesús murió. La gente se horrorizó al ver la enorme cortina, entre el lugar santo y el lugar santísimo repentinamente razgarse de arriba a abajo. Dios estaba mostrando que los sacrificios de los corderos ya no eran necesarios. El verdadero Cordero de Dios acababa de morir. Pero sólo una persona parecía saberlo. Marcos 15:38, 39.

Los amigos de Jesús lloraban. Ya había muerto y las esperanzas de un maravilloso reino se habían desvanecido. No querían pensar en qué sucedería cuando los soldados ásperamente bajaran de la cruz el cuerpo de Jesús. Eran muy pobres para darle un entierro digno. Entonces ocurrió que dos hombres vinieron a ayudar. ¡Cuán agradecidos deberían haber estado la madre de Jesús, sus discípulos, y sus amigos! Juan 19:38–42.


Muchos otros, además de las amistades de Jesús, estaban entristecidos por su muerte. Personas que habían deseado poder verle durante la fiesta de la Pascua, se sentían muy decepcionadas. Pero algunos de los que pensaban sentirse contentos por la muerte de Jesús, se sentieron muy preocupados, al igual que Satanás. Aunque los discípulos se habían olvidado, los sacerdotes y gobernadores recordaron la promesa de que Jesús resucitaría en el tercer día. Así es que, ¿qué le pidieron a Pilato? Mateo 27:62–66.

Al terminar el sábado y antes de que el sol saliera en la mañana del domingo, un ángel resplandeciente descendió del cielo, haciendo rodar la piedra grande que se encontraba en frente de la entrada de la tumba y llamó a Jesús. Era hora de que Él despertara. El resplandor del ángel era tal, que los guardias de la tumba de Jesús cayeron al suelo como muertos. Mateo 28: 1–4.

Ahora Jesús podía usar su poder como el Hijo de Dios nuevamente, así que se levantó y salió de la tumba. Sólo las cicatrices en sus manos, pies y su costado comprobaban las cosas terribles que se le habían hecho.

Los horrorizados soldados lo presenciaron todo. Corrieron a la ciudad para decirle a Pilato lo que había sucedido, y por el camino le contaban a cuantos se encontraban. Pero antes de que llegaran donde Pilato, alguien se apresuró a contarle a los sacerdotes, quienes rápidamente mandaron a llamar a los soldados. Les pagaron dinero para que mintieran acerca de lo sucedido, prometiéndoles no involucrarlos en ningún problema. ¿Cuál era la mentira? Mateo 28:11–15.

De las amistades de Jesús, María Magdalena fue la primera en ver la tumba vacía. Prestamente corrió a avisarle a Pedro y a Juan. Corriendo, los dos discípulos fueron a ver si lo que María les había dicho era en realidad cierto. Juan 20:1–8.

Ángeles, con apariencia de jóvenes vestidos de blanco, permanecían al lado de la tumba para anunciarle a los amigos de Jesús que Él verdaderamente había resucitado. Jesús mismo habló con María cuando regresó al lado de la tumba. ¿Qué le dijo a ella, lo cual nos indica que Jesús no había ascendido al cielo cuando murió? Versículos 11–18.


Jesús sabía que aún habían muchas cosas que los discípulos no entendían acerca de por qué Él había venido a este mundo como humano. No entendían el maravilloso plan que se había diseñado para salvar a nuestro mundo de Satanás. Así que Jesús continuó enseñándoles después de que salió de la tumba el domingo en la mañana.

Siendo ya tarde ese domingo, dos de los discípulos de Jesús caminaban a casa por el rocoso sendero que les llevaba al pequeño pueblo de Emaús, el cual distaba a varios kilometross de Jerusalén. ¿De qué hablaban y quién se unió a ellos? Lucas 24:13–24.

Entonces, Jesús comenzando con las profecías de Moisés, les explicó cómo los profetas habían predicho que Jesús vendría a morir por nosotros. El santuario, todas las hermosas cosas que en él habían, y los sacrificios de los corderos, eran para ayudarle a entender a la gente que Jesús, el verdadero Cordero de Dios, moriría en lugar nuestro. Versículos 25–27.

Al oír a Jesús explicarles estas cosas, los dos discípulos se sentían maravillados y emocionados. Podían ver que todo lo que el Forastero les decía, era cierto. Al llegar cerca de la casa, parecía como si Jesús iba a seguir su camino, pero los discípulos deseaban continuar hablando. ¿Qué sucedió cuando insistieron que se quedara con ellos? Versículos 28–32.

Aquellos queridos discípulos no veían la hora de regresar a Jerusalén para compartir las asombrosas noticias. Apresuradamente corrieron al piso de arriba donde sabían que encontrarían a los otros discípulos. Y, aunque no lo podían ver, Jesús entró con ellos. Te podrás imaginar lo sorprendidos que estaban todos cuando se apareció repentinamente. Nuevamente Jesús les explicó que todo lo que le había sucedido, había sido de acuerdo a como lo habían predicho los profetas de Dios a Su pueblo. Versículos 33–35.


Después de que Jesús salió de la tumba, un ángel le pidió a las mujeres que le dijeran a los discípulos y a Pedro que lo verían nuevamente en Galilea. Marcos 16:7.

Pedro fue mencionado por nombre porque Jesús sabía que se había sentido muy mal por haber dicho que no conocía a Jesús.

Cuando Pedro y otros seis discípulos llegaron a Galilea, Pedro decidió ir a pescar, y los otros discípulos le acompañaron. Todos necesitaban dinero, y esta era una buena forma de ganarlo. ¿Cuánto pescaron esa noche? Juan 21:3.

Al amanecer, los siete desanimados discípulos, comenzaron a regresar a la orilla. Al principio no reconocieron a la Persona que los observaba parado en la ribera. Pero luego se dieron cuenta quién era. Versículos 4–8.

Jesús ya había preparado el desayuno, sabiendo cuánta hambre tenían sus discípulos. Versículos 9–14.

Después del desayuno, Jesús le hizo una pregunta a Pedro delante de los otros discípulos.

Después de haberle dicho a Pedro lo que quería que hiciera, Jesús le hizo la misma pregunta dos veces más. ¿Cuál fue la pregunta y cómo le contestó Pedro humildemente a Jesús? Versículos 15–17.

Tres veces Pedro había fingido no conocer a Jesús, y tres veces las preguntas de Jesús le dieron la oportunidad de decirle que lo amaba. Jesús quería dejarle saber a Pedro, y a los otros discípulos, que lo había perdonado y que Pedro había aprendido una dura lección. Jesús quería que su discípulos supieran que Él aún dependía de ellos para que fueran sus poderosos líderes.

¡Cuán agradecido estaba Pedro! Sabía que no merecía ser un siervo de Dios después de la terrible forma en que había actuado esa noche. En realidad, ninguno de los discípulos merecía su confianza, ¿verdad? Todos habían desaparecido cuando Jesús los necesitaba.

La historia de Pedro nos ayuda a entender cuán maravilloso es Jesús. Cuando hacemos algo malo, Jesús aún nos ama; y cuando verdaderamente estamos arrepentidos, Él nos perdona. Muchas veces sufrimos los resultados de las malas decisiones que hemos hecho, pero Jesús nunca deja de amarnos.