Mi Biblia Primero - Lección 26


 LECCIÓN 26

Missionaries for Jesus

Based on Acts 13–28; Revelation 20–22

Antes de que Saul se encontrara con Jesús, era un Fariseo orgulloso que trataba cuidadosamente de obedecer los Diez Mandamientos, al igual que las muchas reglas que habían hecho. Pero ahora, era un cristiano. La Biblia comienza a usar el nombre de “Pablo” para identificarlo en Hechos 13:9.

Después de que Pablo aprendió que Jesús era el Hijo de Dios, nunca dejó de mostrarse agradecido al Jesús perdonarlo por la forma terrible como había tratado a los creyentes. Se convirtió en un poderoso ayudador de Jesús, y con ansias le enseñó, tanto a judíos como a gentiles, pues sabía cuánto amaba Dios a cada persona de este mundo. Pablo amaba tanto a Jesús, que era de lo único que quería hablar. 1 Corintios 2:2.

Después de que Pablo y sus amigo Bernabé predicaron las buenas nuevas de Jesús en una ciudad llamada Antioquía, las personas comenzaron a llamarle a los creyentes “cristianos”.

Claro, los líderes religiosos no querían a los cristianos. Tampoco querían a Pablo, y donde quiera que iban, trataban de impedirles que predicaran y enseñaran. Hechos 11:25, 26.

Una vez, Pablo y su compañero Silas, fueron puestos en la prisión. Pablo, en nombre de Jesús, le había ordenado a Satanás que saliera de una niña esclava que era una adivina. Como resultado, ya no podía ganar dinero para sus amos; y éstos se enojaron. ¿Qué hicieron? Hechos 16:19–24.

Pronto, Pablo y Silas se encontraron en la prisión oscura y sucia, sentados, indefensos, en el piso frío. ¡Oh, cuánto le dolían sus espaldas! ¡Cuán incómodos se sentían! Podían escuchar a otros prisioneros maldiciendo y jurando; pero en vez de quejarse, ¿qué hicieron? Versículo 25.

De repente la tierra se sacudió, las puertas de la prisión se abrieron y las cadenas de todos los prisioneros se cayeron. El guarda de la prisión estaba horrorizado; estaba seguro de que todos los prisioneros escaparían. Sabía que sería culpado y que posiblemente lo matarían. Rápidamente, Pablo y Silas le dijeron que nadie había escapado. Versículos 26–28.

El terremoto fue un milagro, pero lo que sucedió más tarde esa noche fue un milagro aún más maravilloso. Versículos 29–34.


Por muchos años, Pablo y sus compañeros fueron misioneros a lugares que estaban lejos de Jerusalén. Muchos judíos y gentiles se hicieron cristianos, y nuevas iglesias surgieron.

Una vez, Pablo recibió noticias de que había una terrible hambruna en Israel, y sabía que los cristianos en Jerusalén necesitaban ayuda. Cuando les habló a los cristianos gentiles acerca de ellos, gozosamente mostraron su amor por sus hermanos y hermanas en la lejanía, dándole a Pedro dinero par que les llevara.

Pablo ya estaba viejo; y aunque sabía que todavía había muchos líderes en Jerusalén que lo conocían y no lo querían, decidió llevar el dinero personalmente a Jerusalén. Quería contarle a los creyentes de allí, cómo Dios había bendecido a sus muchos hermanos y hermanas gentiles.

Los cristianos en Jerusalén se alegraron con la noticia de sus nuevos hermanos gentiles. Y, claro, Pablo les entregó el dinero que ellos habían mandado. Hechos 21:17–19.

Pero un día, cuando Pablo estaba en el templo en Jersualén, algunas personas que habían venido de otro país, lo reconocieron. En voz alta gritaron cosas acerca de él, y la gente corría para ver por qué estaban gritando. La noticia se corrió rápidamente, y pronto toda la ciudad estaba en una revuelta. La multitud comenzó a gritar diciendo que debían matar a Pablo. Si el comandante romano no los hubiera detenido, esa gente enojada, hubiera matado a Pablo. Versículos 27–40.

Cuando la gente se calmó, Pablo comenzó a hablarles en su propio idioma. Les contó la historia de cómo Jesús lo encontró en el camino a Damasco, y de cómo se había convertido en un ayudante para Él. Pero cuando Pablo les dijo que Jesús lo había mandado a trabajar a favor de los gentiles, todos comenzaron a gritar otra vez. No podían creer de que Dios tuviera cuidado de los gentiles; y en el instante en que Pablo dijo la palabra gentiles, comenzaron a comportarse como animales salvajes. Hechos 22:21–29.


Pablo era ahora un prisionero, y el plan era llevarlo a Roma, en Italia. El viaje era muy largo, y la mayor parte del viaje se hacía en barcos que iban llenos de prisioneros y de los soldados que los cuidaban. El comandante de los soldados era un centurión llamado Julio.

Julio pronto aprendió a respetar a Pablo.

En uno de los puertos, donde se detuvo el barco, Pablo le advirtió a Julio que debían detener el barco allí hasta que pasara el mal tiempo. Pero, siendo que el dueño del barco quería continuar a un puerto mejor, Julio no hizo caso a la advertencia de Pablo. Hechos 27:9–11.

La terrible tormenta llegó; y fue tan violenta que todos pensaron que el barco se hundiría y que todos se ahogarían. Pero una noche, Jesús envió a un ángel para que le dijera a Pablo que, aunque el barco iba a destruirse, las personas se iban a salvar. A la mañana siguiente, Pablo le dijo a Julio lo que el ángel le había dicho, y Julio siguió el consejo de Pablo en cuanto a lo que debían hacer. Versículos 20–26.

A los catorce días de la tormenta, los marineros pudieron darse cuenta de que estaban cerca de llegar a tierra. Lo que sucedió ese día los llenó de temor y de asombro a la vez. Tal como lo dijo Pablo, el barco se destruyó, pero la vida de todos los prisioneros y soldados se salvó. Versículos 27, 37–44.

Cuando Pablo, finalmente llego a Roma, se le dio permiso para que se quedara en una casa con un soldado que lo custiodaba. Mucha gente lo visitó, y algunos de ellos se hicieron cristianos. Jesús estaba protegiendo a sus fieles trabajadores, ¿verdad? Hechos 28: 30, 31.

Aunque Pablo pasó por diferentes pruebas antes de morir, nunca se quejó. Siempre estuvo gozoso de poder trabajar para Jesús. 2 Corintios 11:24–27; 12:10.


La Biblia tiene muchas historias de personas que fielmente trabajaron para Jesús. No importa con cuanto esmero Satanás ha intentado, no ha podido evitar que la gente aprenda de Jesús. Muchos creen que Jesús vendrá otra vez, pero no conocen lo que la Biblia dice en cuanto a cómo vendrá.

Algunos creen que Jesús vendrá en forma secreta y se llevará a los buenos al cielo, y que los demás serán dejados atrás. Pero la Biblia dice que tanto los vivos buenos, como los buenos que murieron, estarán aquí en la tierra todavía cuando Jesús venga. Y su venida no será en secreto. Todos lo verán y escucharán. 1 Tesalonicenses 4:15–17; Apocalipsis 1:7.

Jesús nos advirtió acerca de falsos cristos que tratarían de engañar a la gente. Puede ser que escuchemos que Jesús está aquí o allá; pero aun si hacen milagros maravillosos, no hemos de creer en ellos. Mateo 24:23–27.

Satanás mismo tratará de hacerse pasar por Jesús, y aparecerá en diferentes lugares en esta tierra. Se parecerá y actuará como Jesús, y muchas personas van a creer que en realidad es Jesús. 2 Corintios 11:14.

Cuando Jesús dejó este mundo, fue al cielo. Hechos 1:9–11. Cuando Él regrese, descenderá del cielo, pero no llegará hasta la tierra. ¿Cómo sabemos esto? Porque la Biblia nos dice que la gente buena subirá a recibirlo en el aire. 1 Tesalonicenses 4:16, 17.

De modo que, una de las formas en que podemos darnos cuenta de que Satanás no es Jesús es que aparecerá en diferentes lugares en la tierra. Dios no le permitirá venir en las nubes, como vendrá Jesús.


Lee una de las más hermosas promesas en Juan 14:1–3.

¡Imagínate! Nuestras casas en el cielo serán más hermosas que los palacios que tienen aquí los reyes y las reinas. Nuestros cuerpos serán perfectos. Nadie se enfermará ni se pondrá viejo, ni morirá. Nunca estaremos cansados o aburridos. Los que no pueden caminar, podrán saltar y correr. Los ciegos, podrán ver. Los sordos, podrán oir. Apocalipsis 21:4; Isaías 35:5,6.

Los animales, los pájaros y los peces, nunca se enfermarán ni morirán. Y todos serán mansos y nobles. ¡Cuánto nos gozaremos jugando con ellos! Isaías 11:6–9.

Todo será perfecto y hermoso en el cielo. No habrán malezas ni espinas, ni hojas secas ni flores marchitas. Las colinas estarán cubiertas con hierba verde y suave, y habrá allí muchos diferentes tipos de árboles. Nuestra comida será mucho más deliciosa de lo que podemos imaginar. Apocalipsis 22:2

No habrán más guerras terribles, ni tormentas, ni tornados; no habrán inundaciones ni terremotos.

El clima será perfecto. Nunca estará ni demasiado frío, ni demasiado caliente. La brisa será suave y apacible.

Nuestras mansiones nos estarán esperando en la Nueva Jerusalén. Esa ciudad es mucho más grande que cualquier ciudad en este mundo. Resplandece con una luz brillante, por que Dios está en ella. Apocalipsis 21:16, 17, 23.

El fundamento del bello muro que rodea la ciudad, está hecho de doce diferentes capas de preciosas y brillantes piedras.

Hay tres puertas abiertas a cada lado del muro; y nunca habrá que cerrarlas pues no habrán ladrones ni enemigos de ningún tipo en el cielo. Versículos 12–14.

Finalmente, conoceremos a los ángeles quienes nos ayudaron aquí en la tierra. Y conoceremos a mucha gente maravillosa. Pero lo mejor de todo es que estaremos con Jesús.

El solo hecho de pensar acerca del cielo, nos da el deseo de estar allí, ¿verdad? Y podemos estar allí. Jesús quiere que estemos allí, y nos ayudará a prepararnos para estar listos para ir con Él cuando regrese, muy pronto.


Cuando Jesús venga para llevarnos al cielo, la gente buena que ha muerto, será resucitada a nueva vida. Entonces ellos, y la gente buena que aún está viva, irán juntos al cielo con Él. ¡Qué día tan feliz! 1 Tesalonicenses 4:16, 17. Apocalipsis 20:6.

¿Qué en cuanto a la gente mala que estará muerta después de que Jesús se lleve a los buenos al cielo? La Biblia dice que no vivirán más hasta después de mil años. Sólo Satanás y sus ángeles malvados estarán vivos durante esos mil años en la tierra. Siendo que no habrá nadie para ellos tentar, estarán como si fueran prisioneros, encadenados a esta tierra. Apocalipsis 20:5, 1–3.

Al final de los mil años, mientras los buenos regresan a esta tierra con Jesús, Él resucitará a los malos otra vez. Entonces, la hermosa Nueva Jerusalén descenderá del cielo a la tierra. Apocalipsis 20:5; 21:2.

Cuando Satanás ve a los millones de personas malas, que Jesús resucitó, se comportará como uno que acaba de salir de una carcel. Les hará pensar que fácilmente pueden tomar la Nueva Jersualén. Pero ¿qué pasará cuando intenten eso? Apocalipsis 20:7–9.

Cuando la Biblia dice que habrá un infierno eterno o que se estará quemando eternamente, lo que quiere decir es que será como el “fuego eterno” que quemó a Sodoma y Gomorra hasta hacerlas cenizas. Y será como el siervo que le prometió a su amo que le serviría “eternamente”; pero claro, sólo podría servirle hasta el día en que muriera. Judas 7:2; Pedro 2:6; Éxodo 21:5, 6.

De modo que, Satanás y sus ángeles, y toda la gente mala serán quemados hasta quedar cenizas; y nunca más vivirán. Esta será la “segunda muerte” para esta gente mala. Malaquías 4:1, 3; Apocalipsis 21:7, 8.

Entonces Jesús hará este mundo nuevo, otra vez; y este mundo viejo ya no vendrá más a la memoria. Gente perfecta, vivirá en un mundo perfecto, y el pecado nunca más se levantará otra vez. Isaías 65:17; Nahum 1:9.

¿No quisieras estar allí?