Mi Biblia Primero - Lección 3


 LECCIÓN 3

Dios Envía un Gran Diluvio

Basada en Génesis 5:1–11:9

Cuando Dios hizo a Adán y a Eva, eran perfectos; y hubieran vivido para siempre si no hubieran pecado. Pero aun después de haber pecado, todavía vivieron mucho tiempo. ¿Cuántos años tenía Adán cuando murió? Génesis 5:5.

Después de la muerte de Abel, el hijo de Adán, nació su otro hijo Seth. Seth amaba a Dios. Él y sus hijos trataron de ser misioneros para con los hijos y nietos de Caín que no amaban a Dios. Pero casi ninguno de ellos hizo caso. Sólo se hicieron más y más perversos.

Uno de los descendientes de Seth fue Enoc. Él amaba mucho a Dios y hablaba con Él cada día. Enoc hizo todo lo que pudo para convencer a la gente de que escogiera amar y obedecer a Dios. Pero sólo unos pocos decidieron cambiar.

Un día, siendo Enoc de más de 300 años, Dios lo llevó al cielo para estar con Él. Versículo 24. ¡Qué maravilloso! Dios sabía que Enoc no iba a cambiar su forma de pensar para luego decidir seguir a Satanás.

Dios estaba muy triste al ver a las personas hacerse más y más perversas. Finalmente, se hicieron tan malas, que supo que debía hacer algo. Génesis 6:5, 11, 12 nos dice cómo era la gente. ¿Qué dijo Dios? Versículo 13.

Dios decidió mandar tanta lluvia que se convertiría en un diluvio que cubriría toda la tierra, aun las montañas más altas. ¿Conoces el nombre del hombre que ayudaría a Dios? Sería un hombre llamado Noé. Noé amaba mucho a Dios. ¿Qué le dijo Dios a Noé que hiciera? Versículo 14. Luego le dijo exactamente cómo hacerlo.

Mientras los trabajadores construían el arca, muchas personas venían a observar. Día tras día, y año tras año, Noé les predicaba y les advertía acerca del diluvio que vendría.

Pasaron 120 años hasta que el arca estuvo terminada. Para entonces, todos ya sabían del gran barco que Noé estaba construyendo; pero casi todos se reían y se burlaban de él. Ellos pensaban que estaba loco.


Antes del diluvio, nunca antes había llovido. ¡Nadie sabía lo que era la lluvia! Pero Noé estaba preocupado. Él y su familia confiaban en Dios.

¿Cuántas personas había en su familia? Génesis 7:13. Sólo ocho. Y siendo que estarían en el arca por muchos meses, necesitarían mucha comida; y no sólo para ellos. A medida que él guardaba grandes cantidades de comida en el arca, las personas pensaban que ahora sí que se había vuelto loco. Génesis 6: 21.

Un día algo sorprendente sucedió. Pájaros de todo tipo volaron al arca. Venía una pareja de un tipo de animales y siete parejas de otra clase de animales. Dentro del arca, Noé y sus hijos, cuidadosamente los colocaban en las jaulas ya preparadas.

Luego alguien gritó, “¡Miren!” Todo tipo de animales se dirigían hacia el arca- una pareja de una clase y siete de otra. En silencio, y en perfecto orden caminaron hasta la entrada del arca como si alguien los estuviera guiando.

La gente estaba asombrada. ¿Qué significaba todo esto? ¿Por qué estaban todos esos animales entrando al arca? Dios los estaba guiando para que pudieran escapar del diluvio y para que pudieran vivir después.

Finalmente, Dios le dijo a Noé que entrara con su familia al arca. Génesis 7:1. La enorme puerta era demasiado pesada para ellos mismos poder cerrarla. ¿Quién cerró la puerta? Versículo 16.

Afuera, la gente se miraba. Algunos tenían miedo. Pero después que pasaron algunos días, ya no tenían más preocupación.

Dentro del arca, Noé y su familia, pacientemente esperaban. Podían escuchar a las personas afuera burlándose de ellos; pero ellos escogieron confiar en Dios.

Cuando llegó el octavo día, todo cambió. Inmensas nubes negras se vieron en el cielo. Relámpagos iluminaron el cielo y truenos resonaron. Todos estaban horrorizados. Grandes gotas de lluvia comenzaron a caer. Más y más gotas cayeron hasta que estaba lloviendo fuertemente.

Los relámpagos caían sobre hermosas casas y edificios, destruyéndolos. Sus ídolos y templos fueron también destruidos. El viento soplaba como si fuera un tornado. La tierra tembló y se sacudió.

La gente comenzó a golpear la puerta del arca, gritando, “¡Déjennos entrar!, ¡Déjennos entrar!” Pero Dios sabía que esas personas no estaban realmente arrepentidas. Sus corazones no habían cambiado.

Esa terrible tormenta duró casi seis semanas. Pero el arca continuó flotando segura, porque los ángeles la guardaban.


Finalmente, después de 40 largos días, la lluvia cesó. El mundo entero era un enorme océano. Todas las personas y animales que no habían entrado en el arca, se habían ahogado.

Pero Noé y su familia aún tuvieron que esperar hasta que el viento soplara para que secara el agua. Por fin, después que pasaron varios meses, las cumbres de las montañas se comenzaron a ver por encima de las aguas. Génesis 8:5.

Por fin, un día, Noé abrió la ventana del arca. Dejó volar un cuervo para ver si había tierra seca. ¿Qué hizo el cuervo? Versículos 6, 7. ¿Qué otro pájaro trató de encontrar tierra seca? Versículos 8, 9. La paloma estaría muy feliz al poder regresar al arca donde tenía cuidado y comida.

Otra semana pasó, mientras Noé esperaba que bajaran más las aguas. Entonces dejó que la paloma volara otra vez. ¿Qué pasó esta vez? Versículos 10–12.

¡Te imaginas cuán felices estarían todos! ¡Una rama, verde y viva! Las cosas estaban comenzando a crecer afuera otra vez.

Pacientemente esperaron otra semana. Finalmente Dios abrió la enorme puerta del arca. Versículos 15–19.

Los pájaros volaron por el cielo, los animales corrían y se revolcaban en la tierra. Por fin, la muy larga espera había terminado. Había tierra seca otra vez.

La primera cosa que Noé y su familia hicieron fue agradecer a Dios por mantenerlos con vida y seguros durante la tormenta. El sacrificio demostraba que ellos aún creían en las maravillosas promesas que Él había hecho mucho tiempo atrás de que Jesús vendría a morir por nosotros para darnos vida eterna.

Quizá Noé se preguntaba si habría otro diluvio. ¿Qué le prometió Dios? Génesis 9:11. Dios les dio un hermoso recordatorio de sus promesas.

“Miren arriba,” alguien dijo. Allá, como un arco en el cielo, estaba el más hermoso arco iris que puedas imaginarte. Lee los versículos 12–17. ¡Qué forma tan hermosa escogió Dios para recordarnos su promesa!


¡Cuán distinto se veía nuestro mundo después del diluvio! Se veía tan desolado. Habían rocas escarpadas por todos lados. Las montañas no tenían árboles, y ahora habían grandes océanos.

Los hermosos bosques ahora se encontraban enterrados en lo profundo de la tierra. Las hermosas casas y templos que las personas habían construido, junto con sus ídolos, ya no existían. ¿Qué le dijo Dios a Noé en cuanto a cómo estaría el mundo? Génesis 8:22.

Quizá Noé había guardado cuidadosamente algunas semillas para poder sembrarlas después del diluvio. Ahora sabía que las semillas podrían crecer para dar alimento a las personas y los animales.

Cuando Dios hizo los pájaros, los peces y animales, eran todos mansos y buenos. Pero después de la llegada del pecado, los animales ya no confiaban en las personas como antes. Muchos se convirtieron en animales peligrosos. Dios sabía que podían hacernos daño, así que puso en ellos temor hacia el hombre. Génesis 9:1, 2.

Después del diluvio era ahora tiempo para que Noé y su familia se pusieran a trabajar. ¿Qué piensas que hicieron primero? ¿Construir una casa? ¿Sembrar un jardín? ¿Piensas que estarían ocupados? Sí.

Pero no olvides que Satanás estaba ocupado también. Ahora odiaba a Dios más que antes. Estaba determinado a hacer todo lo que pudiera para que las personas creyeran sus mentiras.

Antes de la llegada del pecado, los ángeles en el cielo, y Adán y Eva en este mundo, eran perfectamente felices, porque obedecían de continuamente a nuestro amoroso Dios.

Pero después que Lucifer pecó, ¡cuán diferentes eran todas las cosas! En el cielo, cada ángel tuvo que decidir si obedecería a Dios, o creería las mentiras de Satanás. La mayoría escogió ser leal a Dios. Pero desde que Adán y Eva decidieron desobedecer a Dios, ha sido natural para el ser humano obedecer a Satanás en vez de a Dios.

Pero nosotros no tenemos que obedecer a Satanás, ¿verdad? Podemos escoger obedecer a Dios. Y Jesús siempre nos ayudará si se lo pedimos.


Amedida que pasó el tiempo, después del diluvio, muchos niños nacieron. Esos niños crecieron, se casaron, y nacieron más niños. Y pronto nuestro mundo tenía muchas personas, otra vez.

Sin duda que el abuelito Noé les contó cuán hermoso era nuestro mundo antes del diluvio. Y les contó cómo entró el pecado en nuestro mundo cuando Eva escogió obedecer a Satanás en vez de a Dios.

Les contó de la hermosa promesa que un día vendría Jesús para salvarnos del poder de Satanás. Noé les enseñó que el sacrificar a los animales les ayudaría a recordar siempre esa promesa.

Pero la mayoría de los nietos de Noé no querían escucharlo. Esto lo entristecía mucho.

Finalmente, las personas que decidieron obedecer a Satanás se trasladaron a otro lugar lejos de donde vivía Noé. Se fueron a vivir en un lugar plano cerca de un gran río. Allí construyeron sus casas y adoraron a sus ídolos. Noé se sintió muy chasqueado. Génesis 11: 2–4.

Esas personas necias, no creyeron en la promesa de Dios de que no enviaría otro diluvio. Así es que decidieron construir una torre muy alta. Pensaron que si venía otro diluvio, podrían correr a la cima de la torre y estar a salvo. Se le llamó la Torre de Babel.

Construían cada vez más y más alto. Pronto llegó a ser tan alta que los trabajadores abajo no podían escuchar cuando los trabajadores de arriba les pedían ladrillos y otras cosas que necesitaban. Así que tenían que poner a personas en el medio que les comunicaran a los de abajo lo que necesitaban.

Siendo que todos hablaban el mismo idioma, todos se podían entender. Pero pronto todo eso cambió.


¿Será una buena idea que las personas vivan aglomeradas todas en un mismo lugar? No. Era el plan de Dios que las personas vivieran en distintos lugares del mundo. Él sabía que sería más fácil para Satanás tentar a las personas que escogieran vivir en las grandes ciudades.

Así es que Dios decidió dispersar a las personas para que no pudieran terminar la torre. ¿Cómo podría detenerlos? Génesis 11:5–7.

Cuando un trabajador que estaba arriba necesitaba ladrillos, llamaba al hombre de más abajo. Pero ahora que no podían entenderse, el hombre quizás pensó que le pedían agua y se lo comunicó al de más abajo. Quizás el hombre de más abajo pensó que le pedían herramientas.

Cuando alguien llevaba hasta arriba lo que pensó que le habían pedido, no era lo que necesitaban. ¡Qué confusión! No había manera de que continuaran la construcción. El plan malévolo de Satanás se había detenido.

A la ciudad, en donde habían tratado de construir la torre, se le llamó Babel. Esa palabra significa “confusión”.

Dios había confundido su forma de hablar, y ahora hablaban diferentes idiomas.

Las familias que se entendían se juntaron, y se trasladaron a vivir en otras partes del mundo. Así es como las diferentes naciones de nuestro mundo se formaron. Sólo Noé y Sem y sus familias decidieron obedecer y amar a Dios.

Noé vivió 950 años, y Sem vivió 600 años. Pero después del diluvio, muchas cosas cambiaron. Ya la gente no vivía tantos años como sus antepasados. Había enfermedades y dolencias. La gente comía y tomaba cosas que no eran buenas y hacían lo que querían. ¡Qué triste! Pero podemos estar gozosos de que Dios nos ha dicho cómo vivir para no sufrir de algunas de esas enfermedades que acortan la vida.