Mi Biblia Primero - Lección 4


 LECCIÓN 4

Abraham e Isaac Confían en Dios

Basada en Génesis 11–22

Después de que Dios confundió el idioma de las personas que construían la torre de Babel, se esparcieron por todo el mundo. Satanás había logrado engañar a la gran mayoría para que adoraran los ídolos.

No pasó mucho tiempo después de que murió el abuelo Noé, que un niño llamado Abram nació en un lugar llamado Ur.

La familia de Abram era rica y adoraban a Dios y a los ídolos a la misma vez. Pero Abram decidió que iba a obedecer a Dios y a adorarlo sólo a Él aunque nadie más lo hiciera. Realmente amaba a Dios de todo corazón.

Cuando creció, se casó con una muchacha muy bonita llamada Saraí. Contaban con muchos familiares y amigos. Tenían un hermoso hogar, muchos sirvientes, muchas tierras y muchos animales. Pero había algo que ellos querían, pero no tenían. ¿Puedes adivinar qué era? Un bebé.

Un día, Dios le habló a Abram. Génesis 12:1–3. Dios sabía que Abram sería fiel y que le enseñaría a sus hijos a ser fieles también. Dios quería que Abram lo ayudara a hacer algo muy especial. Pero sabía que Abram tendría que mudarse lejos de sus amigos y familiares que adoraban ídolos.

¿Le dio excusas Abram a Dios cuando le pidió que empacaran sus cosas y que se mudaran? Ni aun sabía a dónde iría. Hebreos 11:8. Abram no hizo ninguna pregunta; obedeció porque confiaba en Dios y en Sus promesas.

Los amigos de Abram seguro pensaron que se había vuelto loco cuando vendió su hermosa casa, empacó todas sus cosas y les dijo que estaría viviendo en tiendas. No podía ni siquiera decirles a dónde iba, siendo que él mismo no sabía.

Taré, el padre de Abram, su hermano Nacor y su sobrino Lot, los acompañaron hasta un lugar llamado Harán.

Pero después que murió Taré, en Harán, Dios le dijo a Abram que viajara hacia la tierra de Canaán. Su hermano Nacor decidió que no iría más lejos; él quería continuar adorando a Dios y a los ídolos también. Pero Lot decidió cotinuar con Abram.


Mientras estaban en Harán, Abram y Saraí habían sido verdaderos misioneros hablándole a otros de Dios. Muchos habían escogido amar y obedecer a Dios, y querían ir con él cuando saliera de Harán. Abram les dio la bienvenida. Lee Génesis 12:4, 5.

Viajaban lentamente, mientras dejaban atrás a Harán. Se detenían cada noche, porque habían cientos de personas con ellos, al igual que mucho ganado y otros animales.

Finalmente llegaron a la tierra de Canaán. Las personas que vivían allí eran muy malvadas; pero Abram confiaba en Dios, y no tenía temor.

Donde quiera que Abram acampaba, construía un altar y los reunía a todos alrededor de él para adorar a Dios. Al presenciar el sacrificio de los animales, se acordaban de la promesas que Dios hizo de que nos salvaría de Satanás.

Al continuar Abram su viaje, dejaba atrás estos altares y otros viajeros que pasaban podían ver los altares que Abram había construido. Ellos sabían que Abram había pasado por allí y algunos se detenían para adorar al verdadero Dios usando esos mismos altares.

Después de estar varios años en Canaán, Abram y Saraí aún no tenían hijos. Él comenzaba a preguntarse cómo podría Dios cumplir su promesa de hacerlo el padre de una gran nación.

Dios sabía lo que Abram estaba pensando. Puedes leer la historia de la conversación que tuvieron una tarde al ponerse el sol. Génesis 15: 1–6.

¿Puedes contemplar a Abram mirando hacia el cielo en la noche y viendo el gran número de estrellas? Ya estaba viejo, y aún no tenía hijos. ¿Sería verdad que su desendencia sería como la de las estrellas?

Aunque no sabía cómo iba a cumplirse la promesa, Abram decidió confiar en que Dios la cumpliría. ¿Puedes ver la sonrisa de Dios, al ver que Abram confiaba en Él?

Después de la conversación que Abram tuvo con Dios, pasaron muchos años. Ahora Abram y Saraí estaban seguros de que ya estaban demasiado viejos para tener hijos. Después de todo, ya Abram tenía 99 años. ¿Había cambiado Dios su plan? ¡Oh, no! ¿Podría todavía cumplir su promesa? ¡Oh, sí! Es más, Dios sabía exactamente lo que Abram estaba pensando; y nuevamente, Él y Abram hablaron acerca de esto. Puedes leer lo que hablaron en Génesis 17:1–9, 15–22.

Ahora Abram y Saraí tenían nuevos nombres. Abraham significa “Padre de muchas naciones,” y Sara significa “Princesa.”


Un día caluroso, no mucho tiempo después de que Dios le cambió su nombre, Abraham estaba sentado junto a la puerta de su tienda. Mientras contemplaba el paisaje, vio a tres hombres que caminaban hacia su campamento. Al acercarse, se detuvieron y hablaron entre sí, como si estuvieran decidiendo hacia qué dirección ir.

Rápidamente Abraham se apresuró a recibirlos y cortésmente los invitó a que se detuvieran a descansar un rato.

Génesis 18:1–8. ¡No nos extraña que por esto, tantos amaran y admiraran a Abraham! Siempre era amigable, cortés y bondadoso.

Cuando terminaron de comer, ¿qué le preguntaron los visitantes a Abraham, y qué fue lo que dijo uno de ellos acerca de Sara? Versículos 9–12. Recuerda, Abraham se había reído de lo que Dios había prometido y ahora Sara se reía también. Versículos 13–15.

¿Puedes imaginar la emoción cuando, en el preciso momento que Dios había dicho que sucedería, Abraham y Sara tuvieron el hijo varón que Dios había prometido?

Rápidamente se corrió la noticia por todas partes. “¡Es un milagro! ¡Sara tiene 90 años y Abraham tiene 100 años, y tienen un hermoso hijo varón!” La gente reía de gozo al igual que Abraham y Sara.

Era un milagro. Y todos lo sabían, especialmente Abraham y Sara. Le pusieron por nombre a su bebé, Isaac, que significa “risa”. Génesis 21:1–7

¡Cuánto amaban y disfrutaban Abraham y Sara a su bebé! Era amoroso y obediente. Abraham le explicaba cuidadosamente a Isaac el significado importante de los sacrificios de los corderitos cada mañana y tarde.

Isaac aprendió acerca de las hermosas promesas de que Jesús vendría a salvarnos de Satanás, y él decidió amar, confiar y obedecer a Dios, así como lo había hecho Abraham su padre.

La mayoría de las personas, en ese entonces, adoraban ídolos y creían las mentiras de Satanás. Isaac sabía que los planes de Dios eran hacer de Abraham una gran nación especial, con personas que escogerían amar, confiar y obedecer a Dios, y serían misioneros para Él. Él sabía que otros podrían ver cómo Dios puede bendecir a aquellos que escogen seguirle. Verían cuán felices son, y muchas otras personas querrían obedecerle, también.


Abraham y Dios eran tan buenos amigos que Abraham siempre reconocía la voz de Dios. Cuando Dios le habló una noche, Abraham inmediatamente supo quién le hablaba; y de inmediato contestó. ¿Qué le dijo Dios? Génesis 22:1, 2.

Abraham quedó sorprendido. ¿Sería que estaba soñando? No. Él conocía la voz de Dios. Pero ¿cómo podría hacer lo que Dios le estaba pidiendo? Calladamente se levantó y salió afuera. Cuando miró las estrellas, recordó la promesa de Dios de que a través de Isaac sería padre de muchas naciones.

Abraham fue y miró a Sara. No se atrevía a decirle lo que Dios le había dicho. Después fue a donde estaba Isaac, quien dormía profundamente. ¡Oh, cómo lo estaba tentando Satanás para que no hiciera lo que Dios le acababa de pedir! Quizá Satanás le decía, “¡Dios no te va a pedir que hagas algo que viole la ley que dice que no mates!” Pero Abraham sabía exactamente lo que Dios había pedido. Con ternura dijo, “Isaac, levántate. Vamos a ofrecer un sacrificio muy especial y necesitamos marcharnos cuanto antes.”

Isaac había ido otras veces con su padre a ofrecer sacrificios, así que no se sorprendió.

Abraham llamó a dos de sus criados. Rápidamente empacaron todo lo que necesitarían: comida, agua, leña, un cuchillo, y una pequeña cajita que contenía un poco de fuego que mantendrían prendido mientras viajaban. Cargaron el burro, y pronto estaban en camino. Lee la historia en la Biblia Versículos 3–6.

Fueron tres días terribles para Abraham. Su corazón estaba muy cargado, no podía hablar. No podía aun decirle a Isaac lo que Dios le había dicho que hiciera.

A medida que él e Isaac subían la última parte de la montaña, Isaac le hizo a Abraham la pregunta que Abraham estaba tratando de evitar. ¿Cuál fue esa pregunta, y cómo le contestó Abraham? Versículo 7, 8. Abraham no podía decirle todavía a Isaac. Todavía estaba esperanzado en que Dios haría algo para que Isaac no tuviera que ser el sacrificio.


Cuando Abraham e Isaac llegaron a la cima de la montaña, Isaac le ayudó a su padre a construir el altar.

Ahora tocaba que Abraham le dijera a Isaac lo que Dios le había pedido que hiciera. ¿Te puedes imaginar cuán sorprendido estaba Isaac? Ya era un joven de aproximadamente 20 años de edad. Fácilmente podía haber empujado a su padre y haber corrido de vuelta a casa. Pero Isaac había aprendido a confiar en Dios. “Haz lo que Dios te pidió, Padre,” dijo él.

Se dieron un último abrazo largo. Luego Isaac se acostó sobre el altar y Abraham lo ató con cuidado. Las lágrimas corrían por el rostro de Abraham. Sus manos temblaban a medida que tomaba el cuchillo y lo levantaba.

De pronto, una voz lo detuvo. Génesis 22:10–12. El cuchillo se cayó de la mano de Abraham al suelo. ¡Oh, cuán agradecidos estaban Abraham e Isaac! Ahora habían lágrimas de gozo mientras Isaac y Abraham se abrazaban otra vez.

Luego escucharon un sonido. Baaa. Baaa. ¿Qué era? Versículos 13–19. Dios había provisto para el sacrificio. Una vez más había comprobado de que Abraham realmente confiaba en Él.

Abraham sabía que era a través de Isaac que Dios cumpliría su maravillosa promesa. Y así había decidido confiar en Dios aun cuando parecía que Dios no iba a poder cumplirla si Isaac moría. También creyó que Dios hubiera podido resucitar a Isaac aquel mismo día si hubiera tenido que morir en el altar en esa montaña. Hebreos 11:17–19.


Pensemos acerca de la historia de Abraham e Isaac.

Cuando las personas sacrificaban los corderitos, ¿en qué debían estar pensando? Lee lo que Juan el Bautista dijo. Juan 1:29. Jesús, el precioso hijo de Dios quien ni una vez desobedeció, sería el verdadero cordero que moriría por nosotros.

Cuando sacrificaban las ovejitas cada día ¿pagaba ésto por los pecados de las personas? No, sólo ayudaba a recordarles que el hijo de Dios vendría a morir tomando nuestro lugar para que así podamos escoger estar libres de Satanás.

Cada uno de nosotros merece la muerte, por que todos hemos desobedecido a Dios. Romanos 3:23; 6:23. Pero como nos ama tanto, Jesús, el Hijo de Dios, nuestro Creador, vino a este mundo malo y murió tomando el lugar de cada persona.

¡Piensa en cuánto Dios nos ama! Lee algunos versículos que hablan acerca de ésto que tú ya conoces. Juan 3:16, 17. Satanás quiere vernos morir eternamente; pero Dios quiere que vivamos eternamente.

La historia de Abraham e Isaac nos ayuda a entender cuán difícil debió haber sido para Dios el Padre dar a Jesús para que muriera por nosotros. Recuerda, no había nada ni nadie que pudiera tomar el lugar de Jesús mientras moría por nosotros, como lo hubo para Isaac.

¿Piensas que cuando Abraham e Isaac sacrificaban cada día el corderito, recordaban lo que había sucedido aquel día en la montaña? ¿Piensas que amaban a Jesús mucho más ahora? ¡Mientras más conocemos a Jesús, más le amamos!